La semana pasada fue intensa, por muchas razones. Y esa intensidad, no sé si afortunada o desafortunadamente, tuvo compañía. La de dos películas que había querido ver, por el afecto que le tengo a sus directores, pero cuyo atractivo me resultaba más bien aversivo. Ni modo, los dos encuentros inevitables de la semana resultaron coincidentes con estos dos encuentros fílmicos, evitados largamente. De los cuatro salí despavorida, luego de haberme sentido hipnotizada -es cierto- con una media sonrisa en la cara. La piel que habito y Midnight in Paris.
Y para esta "reseña", tengo sólo una palabra para cada película. Bueno, una palabra primero y luego más; pero en principio una:
La piel que habito: pinche capricho (okey okey, dos palabras, pero "pinche" no cuenta).
Siempre me he imaginado que, en sus primeros proyectos de largo o cortometrajes, los estudiantes de Comunicación o Cine seguro le dan vuelo a la hilacha tratando de hacer realidad esos viajes densos que toda su vida los han atormentado. Digo, es la primera oportunidad que tienen de ver realizado aquello que sus mentes macabras y creativas tienen guardado para la pantalla y el séptimo arte. Y en realidad no importa el resultado; no afectará sus venideras carreras de cineastas. Lo saben. ¿Lo saben?
Así es La piel que habito. Cierto que Almodóvar siempre se ha caracterizado por sus personajes y temas borderline: trasvestis, prostitutas, homosexuales, asesinatos, necrofilia. Pero oh Dios, en La piel que habito sí que llevó todo al borde de la línea. Me quedó claro que Almodóvar se dio el pleno gusto de jugar con todo lo que le movía y viajaba en ese momento, sin importar qué tan coherentemente armada quedara la historia. Y eso no sé si me dio gusto, risa o decepción. Quizás ambas tres. El guión y los diálogos están tan irónica y ridículamente mal hechos, que creo poder apostar que Almodóvar simplemente se divirtió haciéndolos y ejecutándolos. Como Robert Rodríguez en Machete. No creo que se haya tomado a sí mismo en serio. ¿Genética, karate, transexualidad, violaciones, secuestros, un doctor desquiciado que sale siempre absolutamente impune de todas sus trastadas y el Tigre de Santa Julia en una sola película? No lo creo. Eso sí, un cuidado de la imagen exquisito, y una Elena Anaya bella bella, además de que sí, bueno, a mí me dejó algo boquiabierta descubrir de qué iba la cosa. El leitmotiv quizá sea la imposibilidad de llegar al mero centro de lo que las personas somos. ¿La piel? Es sólo lo de afuera, ¿qué no? Las personas están dentro, viven dentro, gritan dentro.
Entretenida y palomera, justo como...
Midnight in Paris: Aburriiiidoooo
Como lo suponía al leer las sinopsis y resistirme a verla: lo único nuevo que ofrece la película es la interpretación humorística de las figuras más destacadas y curiosas de la literatura y las artes. ¿Pero eso qué? Sí, sí, un Hemingway traumado, un Dalí traumado, un Picasso escaso. Pero de ahí en fuera, el Woody de siempre, el torpe, nervioso macho beta, que tiene una inverosímil suerte para enamorar a las mujeres bellas. Sólo que ahora más joven. Owen Wilson hace una impresionante labor de imitación pero nada más; no aporta nada nadita al eterno personaje woodiesco. Y eso, me atrevería a decir, no es del todo culpa suya.
Qué hueva ver una película más de Woody Allen. ¿Para qué? ¿Qué aportó al mundo Midnight in Paris? ¡Nada! Definitivamente, para esta postrera etapa de Allen, me quedo con sus "desviaciones" fílmicas: Match Point, Cassandra's Dream, Vicky Cristina Barcelona, You Will Meet a Tall Dark Stranger.


5 Blah, blah, blah.:
ay que entrada tan triste, estoy muy de acuerdo con la piel que habito, si la hubiera hecho hace una década hubiera sido más trascendente.
Ahora bien, Midnight in Paris es mi tercera película favorita del año. La amé, como un niño al que le cuentan de navidad, en ese plan se puso Woody y así la ejecutó, fue bonito, lleno de añoranza y morbo infantil, mucho, es una peli muy cálida. Ni remotamente estará en el top-ten, sin embargo es de sus cintas más gratas, se sintió casi como un regalo.
Me acuerdo y pongo el ojo Remi de la emoción. Ya publicaré de ella :')
Yo apoyo el comentario anterior, también disfruté mucho "Midnight in Paris".
Si acepto que tal vez no hay tanta originalidad en sus personajes, pero lo que tiene es el tema de la nostalgia de tiempos pasados, de esta idea de que "todo era mejor antes". Tal vez no tiene la profundidad debida, pero si me agradó el humor con que lo trabajó. Y bueno, la otra cosa que me gustó mucho, es que la forma en que presenta las imágenes de Paris; de pronto pareciera que uno mismo anda turisteando por la ciudad, conociéndola al mismo tiempo que los personajes, de hecho cuando termina, pareciera que uno termina el viaje también jejeje. Bueno, también puede ser el humor que tenía cuando la vi jejeje.
La otra la verdad ni la he visto. Fuera de "Midnight in Paris" casi todo lo que he visto son cosas más viejitas.
Un abrazo!
Bueno, @Lunera da más argumentos sobre qué es lo que le gustó.
Yo ya sabía que mi comentario sardónico sobre Midnight in Paris iba a despertar más antipatías que simpatías, porque para casi todo mundo resulta ser una película entrañable. Pero creo que esto es por la iconicidad de los elementos más que por la calidad de la película en sí misma: París, que es Woody Allen, los personajes.
Con todo, sigo pensando que el mundo se la pudo haber ahorrado.
... Con todo respeto. :P
Será? El núcleo de todo es justamente esa añoranza y la ironía de la idealización. No tanto que sea París, que sean esos personajes y ese periodo. Vamos que revisitó su Rosa Purpura del Cairo y le dio una pulida más universal y sencilla, más gente conectó, y sí le hace falta al mundo películas de esas, más ahorita con tanto autorcillo pedante que quiere mostrar SU VISIÓN ESPECTACULAR del mundo tras la cámara.
A eso súmale los paralelismos de las secuencias con Manhattan. Creo que no hay ningún oportunismo más allá del de su financiamiento. Está bien bonita Bren, neto :-P
Sr. York, perdóneme pero... Woody Allen ES un "autorcillo"* pedante.
*Y el sufijo por lo chiquitico que es él.
Publicar un comentario