Ayer fui a la tienda del ISSSTE a comprar desodorante, jabón de avena con vainilla o algo así, un par de bolillos, jitomates, limones, cebollas, un pimiento, queso oaxaca y una blusa térmica que no sabía que compraría, y, al estacionar mi bici, un mendigo envuelto en una cobija y un cobertor llamó mi atención con su voz rasposa y amable. Me enunció las típicas cordialidades, cómo estás linda, yo te conozco, tienes años viniendo a la tienda (mientras yo, no, llevo poquito viviendo aquí, cómo está señor, compermiso). Dijo que estaba crudo, aunque verdaderamente no lo parecía. Abrió los ojos enormes y me dijo, como en una confesión personalísima, que se estaba muriendo poco a poco (todos nos morimos poco a poco señor, le dije), que le trajera algo de la tienda para alivianar su cruda (okey verá, ahora vuelvo). En la tienda compré desodorante, jabón de avena con vainilla o algo así, un par de bolillos, jitomates, limones, cebollas, un pimiento, queso oaxaca, una blusa térmica que no sabía que compraría y un bollo relleno de carne con papas. Lo puse en una bolsa y se lo pasé al mendigo, disimulada, casi guiñándole un ojo aunque no me atrevería a guiñarle un ojo, o quién sabe. Se alegró tanto que entonces me gritó entusiasmado (además de otras típicas cordialidades, muchas gracias hermosa, que dios te bendiga) ¡Vamos a ir a Nueva York! Tú créeme ¡Estaremos paseando por las calles de Nueva York, por las calles de Roma! ¡Por las calles de España! Y entonces se puso a cantar "La puerta de Alcalá".
¡"La puerta de Alcalá"!
Y ése fue mi día.
3 Blah, blah, blah.:
Padrísimo post. :) Me hiciste recordar que yo tengo una historia con un teporocho de parque.
¡Pues cuéntala! :)
Talpa de Allende, Jalisco, tres aeme aprox. York me dice estás borracha, espérame aquí sentada, y me coloca en una banca del parque. Yo saco un cigarro (entonces fumaba superslims). Un teporocho me pide permiso para sentarse en la misma banca. Permiso otorgado. Qué chiquitos cigarritos, señorita, ¿a poco sí saben? Claro que saben, le contesto, y le ofrezco uno. En agradecimiento, él me ofrece un trago del pomo de mezcal que lleva en el bolsillo. York vuelve cuando estoy empinando mezcal del teporocho y me dice ya vámonos, Bel. Al día siguiente York recapitula y remata: hasta de beso y abrazo te despediste del teporocho, Lorenzana. Y ya.
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