No sé por qué te guardo en mi cicatriz con tanto esmero. Por qué te cuido y me picas every once in a while. Vives como gusanito adentro de mi costado derecho. Por eso, mira, déjame darte todo esto. No digas que soy intensa, porque sí lo soy pero no contigo. Mira, que contigo me limito a mirarte, a tomarme de tu mano como hermano, como compañero de 5 años. Y es cierto que tengo tanto dentro de mí que exploto. Pero no contigo. O a lo mejor se me sale. A lo mejor soy como un saco de esos que ya tienen hoyos. Y a lo mejor contengo algo que se sale a presión, como gases o rayos de estrellas o mucha muchísima agua en mangueras. Vamos, no tengas miedo, no pasa nada. Soy muy hábil y tranquila al mismo tiempo. Soy un mafioso.
Y eres tan pinche afortunado y yo también. Ya, déjate llevar conmigo, a lo mejor por ratos que se salgan del tiempo y del espacio. Todos necesitamos eso. Olvídate del mundo, de la continuidad del mundo, te ofrezco eso. Vamos a ser locos intensos de repente. O no, sólo seamos. Nos hemos olvidado tanto de sernos. Tú te dejaste llevar y yo te di chance; y te hubiera dado más, todo el chance que quisieras; porque también me dio miedo pero me lo aguanté rudamente, porque al fin y al cabo todos tenemos derecho de tener chance, y de ver hasta dónde llegan las cosas, y equivocarnos y reírnos de nuestras torpezas. Porque tú ya me viste un día, lo vi y lo sentí, y habrá mosquitos siempre, pero también amaneceres grises y canciones que brincar acaloradamente. Y te ofrezco mis días y mi cuerpo, sexo siempre, te ofrezco acompañarte en tus viajes y te pido que me acompañes en los míos y no dejes de quereme y no me sueltes.
Te ofrezco esto que soy yo y que existe y que no muere. Ven a casa.

0 Blah, blah, blah.:
Publicar un comentario