miércoles 23 de noviembre de 2011

Entrevista a Roger Bartra

Vía Letras Libres, vía Newsweek en español.

(Sólo fragmentos)

Bruno H. Piché: Con crisis económica, social, política, de seguridad, ¿por qué crees que no se ha levantado en México un movimiento de "indignados" o fenómeno social semejante al de otras partes del mundo, intergeneracionales y con clases sociales distintas?

Roger Bartra: El movimiento de los indignados lleva claramente el sello del nuevo milenio. Es una ácida crítica a la sociedad moderna que contiene una carga moral poderosa. El desarrollo económico y la riqueza acumulada se basan en una promesa no cumplida: hay un amplio sector de la población que ha sido marginado en medio de la prosperidad y no encuentra la posibilidad de vivir una vida digna. Pero en los países atrasados como México todavía se lucha por alcanzar plenamente la modernidad y el peso de la población en condición de miseria es tan abrumador que aplasta las quejas de quienes han podido cultivar la dignidad y la sienten amenazada. La masa de población pobre está tan exhausta con las tareas de sobrevivencia que no ha podido generar una cultura de la dignidad. Por ello, no se indigna, aunque sufre terriblemente una condición muy poco digna.
La dignidad crece con la igualdad y se desarrolla en la vida civil cuando la mayoría de la gente está convencida de que merece un lugar en la sociedad: un espacio donde trabajar, vivir y gozar libremente. La dignidad impulsa una especie de, digamos, meritocracia igualitaria que permite una convivencia civilizada en una sociedad capaz de generar suficiente riqueza. Hay que despojar la idea de dignidad de toda connotación teológica; es una idea que sustituye en la vida moderna la vieja idea del honor, y que crece con la igualdad.

BHP: ¿Crees que el mexicano como tal, encerrado en su jaula de la melancolía, atrapado en las redes del poder político, es por naturaleza incapaz de levantarse a protestar?

RB: Una gran parte de la población sigue encerrada en la jaula de la melancolía, a pesar de que la transición democrática ha abierto la puerta de salida. Por ello es probable que el partido del viejo autoritarismo conquiste en 2012 la presidencia. El priismo es una enfermedad política y muchos mexicanos son portadores del virus. Por ello quieren regresar a un pasado que les parece más seguro que un presente abierto a muchas alternativas.
En México, desdichadamente, creció una cultura política que definió un carácter nacional sumergido en la desidia, la zozobra, el relajo, el sentimentalismo, el resentimiento y la evasión. En esta cultura no había espacio para la dignidad. El pueblo era definido como una masa de indios agachados y de pelados albureros. En esta cultura cantinflesca no cabía la dignidad democrática. Esa es la cultura política que legitimó al autoritarismo nacionalista del que surgió esa patología, ese morbo melancólico que engendró el régimen de la revolución institucionalizada.

BHP: ¿Es posible pensar que, en efecto, hay movimientos de indignados en México pero reunidos alrededor de un sólo tema (las madres de la guardería ABC, las madres de Ciudad Juárez), que operan en escalas que se diluyen entre las redes del poder político o bien que utilizan mecanismos alternativos de protestas?

RB: Es posible que haya movimientos de indignados en forma larvaria. Pero aún no son visibles. Para que surjan será necesario primero que se expanda en la sociedad civil un orgullo por haber logrado una transición democrática pacífica. Una sociedad orgullosa de sus logros es mucho más capaz de exigir un comportamiento digno a los políticos y, sobre todo, a los banqueros y empresarios que se enriquecen de manera salvaje. Pero predomina la idea de que la democracia es la misma porquería política que siempre habíamos tenido o bien, que la democracia todavía no llega a México. En ambos casos cunden el pesimismo y la melancolía y se estimulan reacciones conservadoras.

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