Entre mujeres:
Una mujer no llega a dormir a su casa. Al día siguiente le dice a su esposo que pasó la noche en casa de una amiga. Sin decirle nada, el esposo telefonea a las 10 mejores amigas de su esposa.
Nadie sabe nada al respecto.
Entre hombres:
Un hombre no llega a dormir a su casa. Al día siguiente le dice a su esposa que pasó la noche en casa de un amigo. Sin decirle nada, la esposa telefonea a los 10 mejores amigos de su esposo.
Ocho de ellos afirman que sí se quedó en su casa, y los otros dos aseguran que sigue ahí.
Frontera de uno mismo
Habla la Griega.
viernes 6 de enero de 2012
martes 27 de diciembre de 2011
ANUNCIO
Sí. Esto ya se volvió un tablero de anuncios clasificados, y por eso el día de hoy, damitas y caballeros, les vengo solicitando minificcionistas, narradores, o sus etcéteras que gusten colaborar en esta bonita revista de la cual formo parte: http://www.revistasincope.com/ porque fíjense que soy encargada de minificción y qué puto trabajo es encontrar colaboradores de buena cepa: escritores divertidos o densos, ingeniosos y traviesos, pero que sobre todo quieran aprovechar nuestra plataforma para darse a conocer más allá, porque eso sí, señores, dinero no les prometemos, pero qué promocionadota les vamos a dar.
Anímense, inviten a sus conocidos. Envíenme textos miles a helenavaldivia37@gmail.com
Gracias.
Anímense, inviten a sus conocidos. Envíenme textos miles a helenavaldivia37@gmail.com
Gracias.
Peliculillas
La semana pasada fue intensa, por muchas razones. Y esa intensidad, no sé si afortunada o desafortunadamente, tuvo compañía. La de dos películas que había querido ver, por el afecto que le tengo a sus directores, pero cuyo atractivo me resultaba más bien aversivo. Ni modo, los dos encuentros inevitables de la semana resultaron coincidentes con estos dos encuentros fílmicos, evitados largamente. De los cuatro salí despavorida, luego de haberme sentido hipnotizada -es cierto- con una media sonrisa en la cara. La piel que habito y Midnight in Paris.
Y para esta "reseña", tengo sólo una palabra para cada película. Bueno, una palabra primero y luego más; pero en principio una:
La piel que habito: pinche capricho (okey okey, dos palabras, pero "pinche" no cuenta).
Siempre me he imaginado que, en sus primeros proyectos de largo o cortometrajes, los estudiantes de Comunicación o Cine seguro le dan vuelo a la hilacha tratando de hacer realidad esos viajes densos que toda su vida los han atormentado. Digo, es la primera oportunidad que tienen de ver realizado aquello que sus mentes macabras y creativas tienen guardado para la pantalla y el séptimo arte. Y en realidad no importa el resultado; no afectará sus venideras carreras de cineastas. Lo saben. ¿Lo saben?
Así es La piel que habito. Cierto que Almodóvar siempre se ha caracterizado por sus personajes y temas borderline: trasvestis, prostitutas, homosexuales, asesinatos, necrofilia. Pero oh Dios, en La piel que habito sí que llevó todo al borde de la línea. Me quedó claro que Almodóvar se dio el pleno gusto de jugar con todo lo que le movía y viajaba en ese momento, sin importar qué tan coherentemente armada quedara la historia. Y eso no sé si me dio gusto, risa o decepción. Quizás ambas tres. El guión y los diálogos están tan irónica y ridículamente mal hechos, que creo poder apostar que Almodóvar simplemente se divirtió haciéndolos y ejecutándolos. Como Robert Rodríguez en Machete. No creo que se haya tomado a sí mismo en serio. ¿Genética, karate, transexualidad, violaciones, secuestros, un doctor desquiciado que sale siempre absolutamente impune de todas sus trastadas y el Tigre de Santa Julia en una sola película? No lo creo. Eso sí, un cuidado de la imagen exquisito, y una Elena Anaya bella bella, además de que sí, bueno, a mí me dejó algo boquiabierta descubrir de qué iba la cosa. El leitmotiv quizá sea la imposibilidad de llegar al mero centro de lo que las personas somos. ¿La piel? Es sólo lo de afuera, ¿qué no? Las personas están dentro, viven dentro, gritan dentro.
Entretenida y palomera, justo como...
Midnight in Paris: Aburriiiidoooo
Como lo suponía al leer las sinopsis y resistirme a verla: lo único nuevo que ofrece la película es la interpretación humorística de las figuras más destacadas y curiosas de la literatura y las artes. ¿Pero eso qué? Sí, sí, un Hemingway traumado, un Dalí traumado, un Picasso escaso. Pero de ahí en fuera, el Woody de siempre, el torpe, nervioso macho beta, que tiene una inverosímil suerte para enamorar a las mujeres bellas. Sólo que ahora más joven. Owen Wilson hace una impresionante labor de imitación pero nada más; no aporta nada nadita al eterno personaje woodiesco. Y eso, me atrevería a decir, no es del todo culpa suya.
Qué hueva ver una película más de Woody Allen. ¿Para qué? ¿Qué aportó al mundo Midnight in Paris? ¡Nada! Definitivamente, para esta postrera etapa de Allen, me quedo con sus "desviaciones" fílmicas: Match Point, Cassandra's Dream, Vicky Cristina Barcelona, You Will Meet a Tall Dark Stranger.
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del otro lado de la ficción
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lunes 19 de diciembre de 2011
La puerta de Alcalá
Ayer fui a la tienda del ISSSTE a comprar desodorante, jabón de avena con vainilla o algo así, un par de bolillos, jitomates, limones, cebollas, un pimiento, queso oaxaca y una blusa térmica que no sabía que compraría, y, al estacionar mi bici, un mendigo envuelto en una cobija y un cobertor llamó mi atención con su voz rasposa y amable. Me enunció las típicas cordialidades, cómo estás linda, yo te conozco, tienes años viniendo a la tienda (mientras yo, no, llevo poquito viviendo aquí, cómo está señor, compermiso). Dijo que estaba crudo, aunque verdaderamente no lo parecía. Abrió los ojos enormes y me dijo, como en una confesión personalísima, que se estaba muriendo poco a poco (todos nos morimos poco a poco señor, le dije), que le trajera algo de la tienda para alivianar su cruda (okey verá, ahora vuelvo). En la tienda compré desodorante, jabón de avena con vainilla o algo así, un par de bolillos, jitomates, limones, cebollas, un pimiento, queso oaxaca, una blusa térmica que no sabía que compraría y un bollo relleno de carne con papas. Lo puse en una bolsa y se lo pasé al mendigo, disimulada, casi guiñándole un ojo aunque no me atrevería a guiñarle un ojo, o quién sabe. Se alegró tanto que entonces me gritó entusiasmado (además de otras típicas cordialidades, muchas gracias hermosa, que dios te bendiga) ¡Vamos a ir a Nueva York! Tú créeme ¡Estaremos paseando por las calles de Nueva York, por las calles de Roma! ¡Por las calles de España! Y entonces se puso a cantar "La puerta de Alcalá".
¡"La puerta de Alcalá"!
Y ése fue mi día.
¡"La puerta de Alcalá"!
Y ése fue mi día.
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de mis días
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lunes 12 de diciembre de 2011
martes 6 de diciembre de 2011
Preguntas
1. Me gustaría que me platicaras un poco de ti, ¿cuáles son tus ideales y aspiraciones?
2. ¿Cómo describirías tu proceso personal por el que llegas al Agnosticismo? (Entiendo que eres agnóstica, ¿verdad?)
¿Sabes? Creo que de ser agnóstica terminé siendo atea.
Es una historia interesante, aunque creo que no tan peculiar. Veamos.
Has de saber que soy geminiana; signo de aire. Comunicación e idealismo. O algo así. Por tanto, no te sonará extraño que haya estudiado Letras Hispánicas, que me guste leer y escribir, y que mi aspiración más encarnada sea que mi vida sea un desmadre. No un desmadre-desmadre así de qué desmadre. Pero odio la monotonía. Actualmente tengo un trabajo estable: soy editora y traductora, y lo hago bien, muy bien, pero espero salirme de trabajar el próximo año para comenzar mi maestría, vivir un ratito en Madrid, luego regresar y quién sabe, vivir en Xalapa o en Mérida. O quizás un rato más en DF. Aspiro a saber mucho, es lo que más me motiva: aprender. Y enseñar y relacionarme con personas, por lo que también -y aprovechando que puedo hablar varios idiomas- aspiro a entrar a trabajar en algún momento en la UNESCO. Me gusta el activismo, que mis acciones repercutan en la sociedad, vivir en sintonía y congruencia con lo que predico. Por lo tanto, trato de no usar coche y más bien uso la bici, hago cosas voluntariamente y no por una paga, y trato de comunicar todo eso a los que conozco. Además, trato de vivir siempre informada y ser muy crítica y exigente con lo que acontece socialmente. Eso no quiere decir que sea una piedra; diablos, ¡lo que más me mueve en el mundo es la ficción! Soy un ser altamente curioso y en movimiento, deberías conocerme.
Mi ideal es ser feliz, y creo que para ser feliz necesito no estar quieta, disfrutar el mundo, hacer todo y de todo. No aspiro a crecer en un trabajo estable ni a tener una casa bien cimentada en alguna colonia nice de la ciudad, con un coche afuera y bares y antros los fines de semana. Eso francamente me da mucha flojera y me es totalmente ajeno. Puedo aceptarlo en mi vida, pero para nada es mi ideal. Mi ideal es también enamorarme; lo he hecho en varias ocasiones; soy muy entregada y amorosa y creo, francamente, que estar conmigo es todo un viaje surrealista. Cuando amo y me aman me siento libre, es el escape que necesita mi espíritu; me siento libre y acogida, con ganas de hacerlo todo. Son mis momentos más creativos y más activos. En serio me hace bien.
Quizás quiera un hijo en algún momento; no es mi ideal, pero no me molestaría si fuera con alguien a quien amo y sé que haremos de ese hijo una gran persona. No pienso en eso mucho, soy muy egoísta y no sé cómo podría modificar mi vida entera para orientarla hacia un escuincle, pero he de confesar que en un par de ocasiones es algo que sí me ha ilusionado.
No doy nada por este mundo, me queda claro que es horrible, a la gente no le importa destruir mientras tenga bien satisfechas sus comodidas más imbéciles; la política nacional va de mal en peor, sólo espero el momento de una dictadura; el agua se acaba, los animales mueren, cada vez nos alimentamos de más químicos y productos artificiales. Sin embargo, hay cosas que valen la pena: el mundo sigue siendo hermoso si uno lo mira bien atentamente, hay gente en la calle que es tan peculiar que es necesario voltear a verla, la ficción es algo que definitivamente mueve, lo inverosímil, lo inexplicable, lo inexistente. Las posibilidades del lenguaje. Estar con tus amigos y olvidarte de que todo se va a cuesta abajo porque en ese momento, en ese momento estás increíblemente bien y no te falta nada. El mundo es hermoso, saludar, sonreír, hacer algo por los otros. Vivir cada día. Sentir que somos de la misma materia de los soles. Perderse en la música y hacer que genere algo dentro de ti. Saber todo lo que ha habido: el conocimiento humano es increíblemente vasto, qué mar tan riquísimo y fecundo. Conocer personas, conocerte a ti, que me conozcas.
Son cosas que merecen ser dichas.2. ¿Cómo describirías tu proceso personal por el que llegas al Agnosticismo? (Entiendo que eres agnóstica, ¿verdad?)
¿Sabes? Creo que de ser agnóstica terminé siendo atea.
Es una historia interesante, aunque creo que no tan peculiar. Veamos.
Crecí, como la mayor parte de la población mexicana, en una familia mediocremente católica. Fui bautizada, tuve mis tres años, y a los 9 fui al catecismo para hacer mi primera comunión y mi confirmación. Aprendí todos los dogmas y mi curiosidad era inmensa, así que, como todo niño al que se le ha enseñado que preguntar no tiene nada de malo, quise saber más y más y más. Me enojaba que mis papás no hiceran bien todo lo que la ortodoxia católica encomendaba; trataba de que fuéramos más a la iglesia y que rezáramos y que siguieramos de pe a pa los preceptos que la Biblia nos inculcaba. Trataba de leer la Biblia. El catecismo, como casi todos los catecismos, lo presidía una persona con un muy limitado conocimiento religioso. De eso me di cuenta casi inmediatamente, cuando uno hacía las típicas preguntas que hace alguien que se topa por vez primera con el misticismo, y la respuesta tenía siempre que ver con la fe. ¿La fe? ¿Qué demonios era eso? Nunca lo supe de cierto. Lo que sí, es que con todas esas respuestas poco satisfactorias se fue gestando una semillita dentro de mí. La semillita de la duda. De la duda no resuelta. Enemiga de la fe. Comencé a pensar que bueno, quizás todo era una tomada de pelo, ¿sabes? Y, a la par, comencé a clavarme más en la historia. Supe del génesis del cristianismo, del pleito contra el judaísmo, de cómo el mundo se movía con hilos religiosos (que la religión no era más que eso, hilos). Claro que tuve mi etapa chaira en la que me dolía hasta el alma la masacre de los mesoamericanos y la imposición del dogma cristiano. ¡¿Cómo?!, gritaba, ¿cómo era posible tanta incongruencia? ¿tanta matanza e intransigencia? ¿Dónde queda "Dios"? Para entonces ya había entrado en la prepa, y aunque no asumí nunca un descreímiento de la figura divina, de alguna figura divina, y mis bolas de lodo fueron dirigidas sobre todo contra la Iglesia católica, todo eso impidió que reflexionara sobre la divinidad, en si realmente creía (y sentía) que hubiera un dios allá arriba. Ahí está mi agnosticismo. Me encariñé con Tlaloc y Chaac, e inventé un dios de mi propiedad, a mi imagen y semejanza: Pupucu.
Los años pasaron y de repente me di cuenta de que no creía en Dios. No creo en Dios alguno. Cuando me entero de cosas que pasan en el Universo o en la vida o en el hombre, y trato de explicármelas, nunca jamás meto la variable divina a la ecuación. Nunca. Todas las cosas pueden explicarse sin ese motor. Así lo siento desde dentro. Ni siquiera lo pienso, sólo lo siento. Siento que no hay Dios; Dios es una idea que me es tan tan ajena. Luego, en la universidad, con toda mi formación en literatura aprendí que Dios es casi siempre un motivo o un motor para los escritores, filósofos y artistas. Lo examiné con lupa, con microscopio, vi con agrado estético el producto terminado de pinturas inspiradas, Renacimiento inspirado, Edad Media inspirada. Admiro cabronamente el arte sacro (mucho del arte sacro, no todo), Los milagros de Nuestra Señora, la poesía de Sor Juana, a Spinoza, Descartes, Hume, Tomás Moro y Aquino, filosófos cuyo motor fue esa imagen divina, el cuestionarse, el preguntarse. Pero no me mueve internamente. No movió nunca eso que llaman fe. No la conozco. Y ni siquiera me pesa. Me intriga, pero no me pesa. Si me preguntas, todo es producto de la ficción. Y lo entiendo, lo entiendo porque sé de historia y de literatura y de filosofía y también un poquito de ciencia. Y sé de los mitos y los ritos, y me encantan. Pero como producto literario, ¿ves? No como religión.
Y así es y por eso soy atea.
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miércoles 30 de noviembre de 2011
Y entonces él dijo:
-¿Estás terminando conmigo?
Y yo:
-Brrbrrbrr. No sé.
Bah.
-¿Estás terminando conmigo?
Y yo:
-Brrbrrbrr. No sé.
Bah.
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de mis días
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viernes 25 de noviembre de 2011
barcarola
Soy como una barca. Me alejo lenta, dolorosa y callada si me suelta, pero me acerco rápido muy rápido y alegre
si tira de mi cuerda hacia su cuerpo.
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jueves 24 de noviembre de 2011
Recomendaciones literarias por Brenda Valdivia
¿Le tocó ligarse a una jovencita que resulta que no sólo lee, sino que además (¡chin!) es estudiante de Letras? ¿La treintañera que conoció en la fiesta no sólo tiene un culo increíblemente jugoso sino que también (¡¿por qué a mí?!) le entusiasma hablar de literatura? ¿Y esa hermosa fémina, al parecer interesada, le preguntó además de su nombre, profesión y música que escucha, qué libros eran sus preferidos? ¡¿Y ahora usted no sabe qué decir para no parecer parte de esa población que lee menos de medio libro al año?!
Y a lo sabe, si usted necesita una frase efectiva que lo saque del apuro, ALGÚN LIBRO QUE ME RECOMIENDES® es la solución(2).
(1) Si desea algo que la impresione, consulte nuestro catálogo de frases intelectualoides. Tenemos ofertas.
(2) No ofrecemos garantía contra el riesgocontingente arriesgado (¿?) de la pregunta "¿qué tipo de libros/temas/géneros te gustan?". Para ello, revise nuestro catálogo de respuestas a precios accesibles. Tenemos desde un Pues de todo® por sólo $25, Alguno que me atrape desde las primeras páginas® por $65 hasta el más complejo Pues soy fan del realismo mágico de García Márquez® por $350, o el arriesgado Después de la crítica bajtiniana y su disertación sobre Rabelais y el aspecto carnavalesco de la novela, es difícil que algo me impresione® cuyo precio no le mencionamos aquí porque si usted está leyendo este anuncio, de seguro no podrá pagarlo (3).
(3) Si sí puede pagarlo, es usted el snob que estábamos buscando. Por favor llame a nuestras líneas telefónicas y le proporcionaremos con gusto frases realmente efectivas que usted se deleitará en comprarnos.
¡No se preocupe! ¿Ya intentó la conocidísima fórmula “Casi no tengo tiempo para leer. Pero ¿algún libro que me recomiendes?®”
¡¡ALGÚN LIBRO QUE ME RECOMIENDES®!!
Con esta efectivísima frase usted no sólo saldrá del apuro de tener que mencionar dos o tres libros reales que haya escuchado nombrar alguna vez en su vida. (Por supuesto que ha escuchado hablar del Quijote, ¿pero quién en su sano juicio le creería que ha leído semejante mamotrete?), sino también garantiza no tener que hablar más sobre literatura.
Algún libro que me recomiendes® es esa frase efectiva para quitarle a usted el problema de la boca. Con Algún libro que me recomiendes® le toca a ella comenzar a enlistar libros que cree que a usted podrían interesarle porque Algún libro que me recomiendes® da la pauta para que ella piense que a usted sí le interesa leer. Además, lo hace parecer atento a sus recomendaciones, pues con Algún libro que me recomiendes® usted le está diciendo a esa sabrosita jovencita “confío en tu juicio, sensibilidad e intelecto. Ilústrameeeeee”. Ya lo vio, Algún libro que me recomiendes® es la frase perfecta para esos momentos de estrés en los que se le ha puesto a usted –injustamente, por supuesto– en un territorio agreste desconocido.
Por supuesto, Algún libro que me recomiendes® no le promete que la muchacha quedará impresionada por su cultura o nivel intelectual, ni mucho menos que seguirá interesada en conocerlo, pero ¿qué esperaba por el módico precio que usted está pagando?(1)
Sin embargo, Algún libro que me recomiendes® ofrece la ventaja de que usted no tendrá que leer o comprar los libros que ella le mencione. Podrá argüir decir que está consiguiéndolos y no adquirirá el compromiso de exponer comentarios inteligentes sobre alguno de ellos.
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miércoles 23 de noviembre de 2011
Tu nombre todo cabe en mi mano y todavía me sobra espacio
No sé por qué te guardo en mi cicatriz con tanto esmero. Por qué te cuido y me picas every once in a while. Vives como gusanito adentro de mi costado derecho. Por eso, mira, déjame darte todo esto. No digas que soy intensa, porque sí lo soy pero no contigo. Mira, que contigo me limito a mirarte, a tomarme de tu mano como hermano, como compañero de 5 años. Y es cierto que tengo tanto dentro de mí que exploto. Pero no contigo. O a lo mejor se me sale. A lo mejor soy como un saco de esos que ya tienen hoyos. Y a lo mejor contengo algo que se sale a presión, como gases o rayos de estrellas o mucha muchísima agua en mangueras. Vamos, no tengas miedo, no pasa nada. Soy muy hábil y tranquila al mismo tiempo. Soy un mafioso.
Y eres tan pinche afortunado y yo también. Ya, déjate llevar conmigo, a lo mejor por ratos que se salgan del tiempo y del espacio. Todos necesitamos eso. Olvídate del mundo, de la continuidad del mundo, te ofrezco eso. Vamos a ser locos intensos de repente. O no, sólo seamos. Nos hemos olvidado tanto de sernos. Tú te dejaste llevar y yo te di chance; y te hubiera dado más, todo el chance que quisieras; porque también me dio miedo pero me lo aguanté rudamente, porque al fin y al cabo todos tenemos derecho de tener chance, y de ver hasta dónde llegan las cosas, y equivocarnos y reírnos de nuestras torpezas. Porque tú ya me viste un día, lo vi y lo sentí, y habrá mosquitos siempre, pero también amaneceres grises y canciones que brincar acaloradamente. Y te ofrezco mis días y mi cuerpo, sexo siempre, te ofrezco acompañarte en tus viajes y te pido que me acompañes en los míos y no dejes de quereme y no me sueltes.
Te ofrezco esto que soy yo y que existe y que no muere. Ven a casa.
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Mi abuela murió
Murió mi abuela, la segunda ella. Y esta tercera, cuarta experiencia con la muerte no podría haber sido más disímil. Hasta ahora la muerte se me había presentado encarnizada, monstruosa, procaz: un trapito que se alzaba fácilmente del suelo; mi abuelo que, cubierto en mantas y con piel de cera, perdía y soltaba a su ser en la nada, lo desaparecía agresivamente, de repente; mi abuela agonizante y con los párpados temblando como dos pajaritos recién nacidos.
Esta última muerte, sin embargo, me fue ajena, distante. Pudo haber sido como en las películas, alguien que muere a la distancia, alguien de cuya muerte no se sabe nada más que murió. Murió mi abuela, y murió tranquila: en su cama, dormida, de un infarto que nadie se esperaba pero cuya ocurrencia no lamentamos pues ella tenía ya 86 años. Suficientes, dicen unos, y en ella no fueron demasiados. No llegó a la decrepitud ni al dolor altisonante ni a los llantos ni a las noches en un hospital. Simplemente dijo adiós, un día, cuando nadie lo esperábamos pero cuando ella pensó que sería lo más adecuado: el viernes, justo antes del puente para que todos los familiares de todas partes de México pudieran venir a su entierro. Y así fue. Una muerte calmada, algo triste como todas pero cálida como muy pocas.
Y ahora que murió estoy todavía más confundida. ¿Qué fue la muerte en ella? ¿Por qué tan tranquila? ¿Ella decidió partir? Es la muerte menos violenta que me ha tocado, ¿es esto también muerte? Me parece increíble, tanto, que ni siquiera parece que se haya ido. Es la primera vez que puedo sentir que su espíritu sigue pululando en nuestras vidas, blanco como lo dibujan, pacífico y amoroso. Pfff. ¿Es eso también la muerte o es otra cosa?
¿Me oye todavía mi abuela si le hablo? ¿Está a mi lado? Podría asegurar que sí porque la siento.
Esta última muerte, sin embargo, me fue ajena, distante. Pudo haber sido como en las películas, alguien que muere a la distancia, alguien de cuya muerte no se sabe nada más que murió. Murió mi abuela, y murió tranquila: en su cama, dormida, de un infarto que nadie se esperaba pero cuya ocurrencia no lamentamos pues ella tenía ya 86 años. Suficientes, dicen unos, y en ella no fueron demasiados. No llegó a la decrepitud ni al dolor altisonante ni a los llantos ni a las noches en un hospital. Simplemente dijo adiós, un día, cuando nadie lo esperábamos pero cuando ella pensó que sería lo más adecuado: el viernes, justo antes del puente para que todos los familiares de todas partes de México pudieran venir a su entierro. Y así fue. Una muerte calmada, algo triste como todas pero cálida como muy pocas.
Y ahora que murió estoy todavía más confundida. ¿Qué fue la muerte en ella? ¿Por qué tan tranquila? ¿Ella decidió partir? Es la muerte menos violenta que me ha tocado, ¿es esto también muerte? Me parece increíble, tanto, que ni siquiera parece que se haya ido. Es la primera vez que puedo sentir que su espíritu sigue pululando en nuestras vidas, blanco como lo dibujan, pacífico y amoroso. Pfff. ¿Es eso también la muerte o es otra cosa?
¿Me oye todavía mi abuela si le hablo? ¿Está a mi lado? Podría asegurar que sí porque la siento.
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la mort
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Entrevista a Roger Bartra
Vía Letras Libres, vía Newsweek en español.
(Sólo fragmentos)
(Sólo fragmentos)
Bruno H. Piché: Con crisis económica, social, política, de seguridad, ¿por qué crees que no se ha levantado en México un movimiento de "indignados" o fenómeno social semejante al de otras partes del mundo, intergeneracionales y con clases sociales distintas?
Roger Bartra: El movimiento de los indignados lleva claramente el sello del nuevo milenio. Es una ácida crítica a la sociedad moderna que contiene una carga moral poderosa. El desarrollo económico y la riqueza acumulada se basan en una promesa no cumplida: hay un amplio sector de la población que ha sido marginado en medio de la prosperidad y no encuentra la posibilidad de vivir una vida digna. Pero en los países atrasados como México todavía se lucha por alcanzar plenamente la modernidad y el peso de la población en condición de miseria es tan abrumador que aplasta las quejas de quienes han podido cultivar la dignidad y la sienten amenazada. La masa de población pobre está tan exhausta con las tareas de sobrevivencia que no ha podido generar una cultura de la dignidad. Por ello, no se indigna, aunque sufre terriblemente una condición muy poco digna.
La dignidad crece con la igualdad y se desarrolla en la vida civil cuando la mayoría de la gente está convencida de que merece un lugar en la sociedad: un espacio donde trabajar, vivir y gozar libremente. La dignidad impulsa una especie de, digamos, meritocracia igualitaria que permite una convivencia civilizada en una sociedad capaz de generar suficiente riqueza. Hay que despojar la idea de dignidad de toda connotación teológica; es una idea que sustituye en la vida moderna la vieja idea del honor, y que crece con la igualdad.
BHP: ¿Crees que el mexicano como tal, encerrado en su jaula de la melancolía, atrapado en las redes del poder político, es por naturaleza incapaz de levantarse a protestar?
RB: Una gran parte de la población sigue encerrada en la jaula de la melancolía, a pesar de que la transición democrática ha abierto la puerta de salida. Por ello es probable que el partido del viejo autoritarismo conquiste en 2012 la presidencia. El priismo es una enfermedad política y muchos mexicanos son portadores del virus. Por ello quieren regresar a un pasado que les parece más seguro que un presente abierto a muchas alternativas.
En México, desdichadamente, creció una cultura política que definió un carácter nacional sumergido en la desidia, la zozobra, el relajo, el sentimentalismo, el resentimiento y la evasión. En esta cultura no había espacio para la dignidad. El pueblo era definido como una masa de indios agachados y de pelados albureros. En esta cultura cantinflesca no cabía la dignidad democrática. Esa es la cultura política que legitimó al autoritarismo nacionalista del que surgió esa patología, ese morbo melancólico que engendró el régimen de la revolución institucionalizada.
BHP: ¿Es posible pensar que, en efecto, hay movimientos de indignados en México pero reunidos alrededor de un sólo tema (las madres de la guardería ABC, las madres de Ciudad Juárez), que operan en escalas que se diluyen entre las redes del poder político o bien que utilizan mecanismos alternativos de protestas?
RB: Es posible que haya movimientos de indignados en forma larvaria. Pero aún no son visibles. Para que surjan será necesario primero que se expanda en la sociedad civil un orgullo por haber logrado una transición democrática pacífica. Una sociedad orgullosa de sus logros es mucho más capaz de exigir un comportamiento digno a los políticos y, sobre todo, a los banqueros y empresarios que se enriquecen de manera salvaje. Pero predomina la idea de que la democracia es la misma porquería política que siempre habíamos tenido o bien, que la democracia todavía no llega a México. En ambos casos cunden el pesimismo y la melancolía y se estimulan reacciones conservadoras.
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miércoles 16 de noviembre de 2011
Peces de ciudad
Se peinaba a lo garçon
la viajera que quiso enseñarme a besar
en la gare d’Austerlitz.
Primavera de un amor
amarillo y frugal como el sol
del veranillo de san Martín.
Hay quien dice que fui yo
el primero en olvidar
cuando en un si bemol de Jacques Brel
conocí a mademoiselle Amsterdam.
En la fatua Nueva York
da más sombra que los limoneros
la estatua de la libertad,
pero en desolation row
las sirenas de los petroleros
no dejan reír ni volar
y, en el coro de Babel,
desafina un español.
No hay más ley que la ley del tesoro
en las minas del rey Salomón.
Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.
Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
que mordieron el anzuelo,
que bucean a ras del suelo,
que no merecen nadar.
El Dorado era un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.
En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver.
Cuando en vuelo regular
pisé el cielo de Madrid
me esperaba una recién casada
que no se acordaba de mí.
Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis venas va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un liguero de mujer.
Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
que perdieron las agallas
en un banco de morralla,
en una playa sin mar.
la viajera que quiso enseñarme a besar
en la gare d’Austerlitz.
Primavera de un amor
amarillo y frugal como el sol
del veranillo de san Martín.
Hay quien dice que fui yo
el primero en olvidar
cuando en un si bemol de Jacques Brel
conocí a mademoiselle Amsterdam.
En la fatua Nueva York
da más sombra que los limoneros
la estatua de la libertad,
pero en desolation row
las sirenas de los petroleros
no dejan reír ni volar
y, en el coro de Babel,
desafina un español.
No hay más ley que la ley del tesoro
en las minas del rey Salomón.
Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis sueños va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un no te quiero querer.
Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
que mordieron el anzuelo,
que bucean a ras del suelo,
que no merecen nadar.
El Dorado era un champú,
la virtud unos brazos en cruz,
el pecado una página web.
En Comala comprendí
que al lugar donde has sido feliz
no debieras tratar de volver.
Cuando en vuelo regular
pisé el cielo de Madrid
me esperaba una recién casada
que no se acordaba de mí.
Y desafiando el oleaje
sin timón ni timonel,
por mis venas va, ligero de equipaje,
sobre un cascarón de nuez,
mi corazón de viaje,
luciendo los tatuajes
de un pasado bucanero,
de un velero al abordaje,
de un liguero de mujer.
Y cómo huir
cuando no quedan
islas para naufragar
al país
donde los sabios se retiran
del agravio de buscar
labios que sacan de quicio,
mentiras que ganan juicios
tan sumarios que envilecen
el cristal de los acuarios
de los peces de ciudad
que perdieron las agallas
en un banco de morralla,
en una playa sin mar.
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martes 15 de noviembre de 2011
Indignados
Madrid, 13 de noviembre. Miles de personas
se manifestaron hoy en Madrid para exigir
un
cambio de modeloy para confirmar
la
muerte del capitalismo, en una movilización
acompañada por protestas similares en
50 ciudades españolas bajo la convocatoria
del movimiento de los indignados.
Nueva York, 13 de noviembre. Ocupa Wall Street irrumpió en tal vez el lugar más protegido y de mayor seguridad del mundo en este momento, mientras en por lo menos cinco ciudades de Estados Unidos plantones de este movimiento fueron reprimidos por las autoridades, aunque en todos los manifestantes expresan que el movimiento no sólo permanecerá, sino que cada vez es más amplio.
La noche del sábado, en Honolulú, Hawai, el presidente Barack Obama era el anfitrión de una cena de gala para los mandatarios de 21 países que asistieron a la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), cuando el programa de entretenimiento sufrió un pequeño cambio.
En un recinto detrás de tres barreras de rejas, protegido por el Servicio Secreto y la policía local y federal, dentro de un complejo hotelero controlado por el Departamento de Defensa, con decenas de miles de dólares en equipo antimotines y demás, la voz disidente de los Ocupa apareció en medio de todo.
El guitarrista hawaiano Makana, quien había ofrecido un concierto en la Casa Blanca hace dos años, fue el artista contratado para complacer a los invitados, entre ellos el presidente chino Hu Jintao; el primer ministro de Canadá, Stephen Harper; el de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono y muchos más. Cuando Makana se presentó, se abrió el saco del traje para mostrar una camiseta que decía
Ocupa con Aloha. Luego, en lugar de tocar la música instrumental de trasfondo que se esperaba, se pasó casi 45 minutos cantando una y otra vez su nueva balada de protesta llamada Somos los muchos. Parte de la letra es:
Los cabilderos en Washington muerden/Y hasta que sean purgados/No nos retiraremos, mientras el coro es:
Ocuparemos las calles/Ocuparemos los tribunales/Ocuparemos las oficinas de ustedes/Hasta que ustedes hagan el trabajo de los muchos/Y no sólo el de los pocos.
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jueves 10 de noviembre de 2011
Esta angustia me come y me repta y hace de mí una munguía, un telón coleóptero, un brazo; telarañas en los dedos, ya me duele el cuerpo todo de estar pendiente.
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martes 8 de noviembre de 2011
Lupus
Anuncian investigadores nueva terapia contra el lupus
El tratamiento contra este trastorno, por el cual el sistema inmunológico ataca los tejidos sanos, neutraliza una proteína llamada 'interferón alfa', que se ve en mayores cantidades en los pacientes con la enfermedad.
Afp
Publicado: 08/11/2011 11:37
Publicado: 08/11/2011 11:37
Washington. Una nueva terapia contra el lupus, una enfermedad autoinmune que puede ser mortal, ha mostrado resultados prometedores en los primeros ensayos clínicos realizados en pacientes europeos, dijeron este martes investigadores en una conferencia en Estados Unidos.
El nuevo tratamiento contra este trastorno, por el cual el sistema inmunológico ataca los tejidos sanos, neutraliza una proteína llamada interferón alfa, que se ve en mayores cantidades en los pacientes con lupus y puede ser conductora de inflamación crónica y autoinmunidad.
"Es una idea fascinante para mí, que uno se esté inmunizando contra un elemento de su sistema inmunológico que está sobregirado", afirmó Joan Merrill, directora médica de la Fundación del Lupus de los Estados Unidos, que no participó en la investigación.
La nueva terapia, similar a una vacuna, es desarrollada por la empresa de biotecnología Neovacs, con sede en Francia.
Las inyecciones de esta inmunoterapia llamada Kinoid demostraron ser seguras en ensayos de fase I/II en un pequeño número de pacientes europeos, que desarrollaron anticuerpos contra el interferón alfa, anunció Neovacs en la reunión científica del Colegio Estadunidense de Reumatología (ACR, por su sigla en inglés) en Chicago.
"La inyección de Kinoid produce una reacción del sistema inmunológico, lo que resulta en la producción de varios anticuerpos que neutralizan el interferón alfa", señaló el presidente ejecutivo de Neovacs, Guy-Charles Fanneau de La Horie.
"Lo que estamos proponiendo es un tratamiento muy simple y muy fácil de seguir por el paciente", indicó en una entrevista telefónica antes de la presentación formal de los resultados en Chicago.
El tratamiento consiste en un trío de inyecciones en el primer mes, seguido de una inyección tres o cuatro meses después.
Tras un pequeño ensayo aleatorio, hay más pruebas clínicos previstas y un estudio de fase IIb podría comenzar a mediados del próximo año, dijo Piers Whitehead, vicepresidente de desarrollo corporativo de Neovacs.
"Creemos que una ventaja clave de nuestro enfoque es que sabemos que podemos neutralizar los 13 subtipos (de interferón alfa) con nuestro producto", sostuvo.
Los investigadores también fueron capaces de ver los cambios en el perfil de expresión génica en algunos pacientes con demasiado interferón, lo cual es un signo prometedor de que el tratamiento está funcionando, a pesar de que es demasiado pronto para llamarlo cura.
En marzo, la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos aprobó el primer fármaco para tratar el lupus en 56 años.
Benlysta, desarrollada por el estadunidense Human Genome Sciences y el británico GlaxoSmithKline, apunta a una proteína diferente que el Kinoid de Neovacs.
Benlysta es un tratamiento intravenoso, un anticuerpo monoclonal, y es la primera terapia que aparece en el mercado estadunidense desde el Plaquenil en 1955. La aspirina fue aprobada para tratar el lupus en 1948.
El lupus provoca úlceras, fatiga, hinchazón, dolor en el pecho y problemas de coagulación, afecta a las mujeres en edad fértil con más frecuencia que a los hombres, y es particularmente común en las mujeres negras.
Cinco millones de personas en todo el mundo tienen lupus, que generalmente se desarrolla entre los 15 y 44 años. Sus orígenes son inciertos y no hay cura conocida.
El nuevo tratamiento contra este trastorno, por el cual el sistema inmunológico ataca los tejidos sanos, neutraliza una proteína llamada interferón alfa, que se ve en mayores cantidades en los pacientes con lupus y puede ser conductora de inflamación crónica y autoinmunidad.
"Es una idea fascinante para mí, que uno se esté inmunizando contra un elemento de su sistema inmunológico que está sobregirado", afirmó Joan Merrill, directora médica de la Fundación del Lupus de los Estados Unidos, que no participó en la investigación.
La nueva terapia, similar a una vacuna, es desarrollada por la empresa de biotecnología Neovacs, con sede en Francia.
Las inyecciones de esta inmunoterapia llamada Kinoid demostraron ser seguras en ensayos de fase I/II en un pequeño número de pacientes europeos, que desarrollaron anticuerpos contra el interferón alfa, anunció Neovacs en la reunión científica del Colegio Estadunidense de Reumatología (ACR, por su sigla en inglés) en Chicago.
"La inyección de Kinoid produce una reacción del sistema inmunológico, lo que resulta en la producción de varios anticuerpos que neutralizan el interferón alfa", señaló el presidente ejecutivo de Neovacs, Guy-Charles Fanneau de La Horie.
"Lo que estamos proponiendo es un tratamiento muy simple y muy fácil de seguir por el paciente", indicó en una entrevista telefónica antes de la presentación formal de los resultados en Chicago.
El tratamiento consiste en un trío de inyecciones en el primer mes, seguido de una inyección tres o cuatro meses después.
Tras un pequeño ensayo aleatorio, hay más pruebas clínicos previstas y un estudio de fase IIb podría comenzar a mediados del próximo año, dijo Piers Whitehead, vicepresidente de desarrollo corporativo de Neovacs.
"Creemos que una ventaja clave de nuestro enfoque es que sabemos que podemos neutralizar los 13 subtipos (de interferón alfa) con nuestro producto", sostuvo.
Los investigadores también fueron capaces de ver los cambios en el perfil de expresión génica en algunos pacientes con demasiado interferón, lo cual es un signo prometedor de que el tratamiento está funcionando, a pesar de que es demasiado pronto para llamarlo cura.
En marzo, la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos aprobó el primer fármaco para tratar el lupus en 56 años.
Benlysta, desarrollada por el estadunidense Human Genome Sciences y el británico GlaxoSmithKline, apunta a una proteína diferente que el Kinoid de Neovacs.
Benlysta es un tratamiento intravenoso, un anticuerpo monoclonal, y es la primera terapia que aparece en el mercado estadunidense desde el Plaquenil en 1955. La aspirina fue aprobada para tratar el lupus en 1948.
El lupus provoca úlceras, fatiga, hinchazón, dolor en el pecho y problemas de coagulación, afecta a las mujeres en edad fértil con más frecuencia que a los hombres, y es particularmente común en las mujeres negras.
Cinco millones de personas en todo el mundo tienen lupus, que generalmente se desarrolla entre los 15 y 44 años. Sus orígenes son inciertos y no hay cura conocida.
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viernes 4 de noviembre de 2011
Me gusta andar en bicicleta por el viento y el movimiento y la libertad. La libertad, de hecho, es una palabra que me define. Odio los márgenes, en todo sentido. Y esto me trae problemas con las personas porque una de las libertades que valoro es la de expresión, por lo que suelo ser excesivamente franca y decir cosas incómodas que provocan quiebres en mis relaciones interpersonales. Pero también amo la libertad de ser y de sentir y de vivir y de elegir. Odio las limitaciones. Suelo odiar, por tanto, las masas en tanto grupos sociales regidos por lineamientos implícitos (llámense vegetarianos, yoguis, protestantes en masa, consumistas, "subculturas", tuiteros, poetas, todo). Odio las identificaciones categóricas. Y eso también me trae problemas porque discuto de todo. Me la paso criticando todo lo que sucede en el mundo que es creación artificiosa y de prestigio. Apelo siempre al pensamiento, a la inteligencia y venero mi individualidad como posibilidad creadora, pero soy una tonta porque no hago nada; en realidad estoy inmóvil, mucho más inmóvil que aquellos a los que critico. Y es una inacción bien nihilista, que viene de la negación de todo. Mi nihilismo, sin embargo, no me impide sentirme parte del mundo. Y eso es importante.
Soy tolerante y súperintolerante. Abierta a todo, pero muy criticona. Y eso es horrible y pesado. Creo que critico siempre a partir de mi subjetividad, a partir de si alguien me cae bien o no y quiero desprestigiarlo. Y la verdad es que soy buena argumentando. Soy tan buena que siempre me compro mis propios argumentos y la mayoría de las veces logro convencer a los demás. Pero soy mejor contraargumentando. Por eso no pasan ni diez minutos cuando ya estoy pensando en lo que dije anteriormente y en lo equivocada que en realidad estaba. Contraargumentarme a mí misma; contraargumentar a todo. Hay pocas cosas con las que estoy de acuerdo al cien por ciento, pero lo más triste es que ni ésas me atrevo a llevarlas a cabo de forma totalmente comprometida. Quizás con lo único que me comprometo realmente es con mi libertad y mi individualidad. Tal vez sea suficiente.
No nos damos cuenta de lo realmente difícil e importante que es descubrir el mundo. Vivirlo como es. Luego transformarlo. Pero antes vivirlo. Nos paramos al lado del mundo, como frente a una vereda y, antes de verlo bien bien, ya estamos diciendo qué nos gusta y qué no nos gusta. Y peor, no solemos pararnos solos: nos juntamos con un grupo de gente que ya lleva rato perorando. O comenzamos a perorar con ellos. Pero vivir es otra cosa, es nadar el mundo. A paso lento, como de a muertito. Sumergirse, descubrirlo. Yo para eso estoy aquí, creo. No para criticar, que al fin y al cabo es fácil y lo hago todo el tiempo. Quizás tampoco para cambiar nada. Sólo para vivirlo, ése es mi compromiso y quizá sea absurdo y burdo y necio e inútil; pero creo que no me importa tanto. Y si para vivirlo he de tatuarme rayas y hacerme llagas en las muñecas y respirar el pasto, pues ¿qué más da?
Vívanlo conmigo.
P.D. Y con lo que acabo de escribir, recordé este pasaje de Rayuela:
Hay ríos metafísicos, ella los nada como esa golondrina está nadando en el aire, girando alucinada en torno al campanario, dejándose caer para levantarse mejor con el impuso. Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada. Yo los busco, los encuentro, los miro desde el puente, ella los nada. Y no lo sabe, igualita a la golondrina. No necesita saber como yo, puede vivir en el desorden sin que ninguna conciencia de orden la retenga. Ese desorden que es un orden misterioso, esa bohemia del cuerpo y el alma que le abre de par en par las verdaderas puertas. Su vida no es desorden más que para mí, enterrado en prejuicios que desprecio y respeto al mismo tiempo. Yo, condenado a ser absuelto irremediablemente por la Maga que me juzga sin saberlo. Ah, dejame entrar, dejame ver algún día como ven tus ojos.
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lunes 31 de octubre de 2011
Hundimientos olfativos
Los olores. Proust y las magdalenas. Los olores. Estoy sentada en el escritorio de mi oficina. Hoy iré a un evento de música medieval y me arreglé especialmente. Casi nunca uso perfume, pero hoy me puse uno que una amiga me regaló hace como un año y que yo usaba todo el tiempo en tiempos de la habitancia en Nevado de Toluca. Estoy sentada en mi escritorio y cada vez que me llega a mí mi propio olor, trae consigo una marejada de un recuerdo que no veo pero que siento. Imágenes: yo sentada en un micro que iba desde cuatro caminos hasta mi casa. Sábado, probablemente (¿dónde habré dormido esa noche?). El sentimiento de algo único, como este aroma.
Batallo y batallo para recordar y no puedo ir más allá. Luego me llega un mensaje. Mi celular tiene la peculiaridad de que los mensajes aparecen en letras pequeñitas, redonditas y remarcaditas. De pronto, el ver esas letras que veo todos los días me trae una pista. Un mensaje que yo seguramente vi cuando solía usar este aroma y que imprimió en mi cuerpo un recuerdo tan vivo y tan grato. Estaba enamorada, seguramente es eso.
Es frustrante estar así, con el recuerdo en todo el cuerpo menos en donde debe estar: en la cabezota.
De nuevo el recuerdo. Cada vez que huelo, recuerdo. No quiero que otros olores contaminen mi recuerdo. Quiero seguir sintiendo esta presencia de cuando yo era feliz.
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viernes 28 de octubre de 2011
SPM
Cuando era más joven no solía tener nunca (o casi nunca) síndrome premenstrual. No sabía qué era eso de los cambios de humor ni los llantos femeninos. Pensaba que era un mito urbano, una mentira de los vendedores de tampones y pastillas anticonceptivas que nos asemejaba más a un saco de hormonas chillonas y gritonas que a un ser pensante y emocionalmente estable.
Qué equivocada estaba.
Llevo tres, señores, tres malditos síndromes premenstruales en los que de verdad me siento una impotente pasajera en la montaña rusa de mis estados anímicos. Y no puedo creer que sea justamente como lo describían las revistas adolescentes: el rush de la alegría al enojo al llanto al enojo al llanto a la amorosidad al llanto a la angustia al enojo al llanto. Mah. Y si eso es malo de por sí, espérense a oír lo que sigue: mi novio reacciona emotivamente a mi cambio de emociones. O sea, se enoja si me enojo, se enoja si estoy triste, se entristece si me enojo, sigue enojado si me pongo alegre y tierna, se vuelve a poner triste porque no me entiende. Así que ya ni siquiera puedo pasar en paz mis días funestos (comiendo palomitas y lloriqueando porque no me quieren). Tengo que cuidarme de no herir susceptibilidades, consolar al sujeto en cuestión porque quizás lo herí porque dije algo porque dijo algo antes que me hirió. Así. Y como soy una masita aguada en esto de las relaciones, soy yo la que se disculpa y la que sale regañada. Grrrr.
Al final, estoy tembelenque y temerosa. Odio sentir que la cago pero más odio no saber si en efecto fui yo la que la cagué, y tener que disculparme. Y lo odio porque establezco patrones desventajosos, en los que yo siempre soy la que debo disculparme (él es jodidamente bueno para victimizarse, trae en los genes eso del teatro, y además yo tengo una boca cabronamente impertinente y suelo hacer comentarios nefastos que me hacen sentir culpable).
Odio cada pequeño cambio en mi relación. Hasta parezco nueva en esto. Si llevamos semanas de alegría y amor inmensos, y de repente todo se va enfriando, no logro saber si es pasajero o si acaso la relación toda se está enfriando. Y como no quiero que pase lo segundo, empiezo a portarme excesivamente cariñosa y dadivosa (lo cual afecta tanto mi economía como mi dignidad espiritual, muaj).
Así que, en esta ocasión le vengo ofreciendo un problema adolescente a cambio de una solución práctica. No. Sólo apelo a la caritativa bondad y experiencia de alguno de mis queridos (y pocos) lectores, lectoras, para que me digan que mira, ya no te pires, mira, tranquila, la cosa es así y asá.
Anyway. Prometo traerles textos más interesantes la próxima vez.
Qué equivocada estaba.
Llevo tres, señores, tres malditos síndromes premenstruales en los que de verdad me siento una impotente pasajera en la montaña rusa de mis estados anímicos. Y no puedo creer que sea justamente como lo describían las revistas adolescentes: el rush de la alegría al enojo al llanto al enojo al llanto a la amorosidad al llanto a la angustia al enojo al llanto. Mah. Y si eso es malo de por sí, espérense a oír lo que sigue: mi novio reacciona emotivamente a mi cambio de emociones. O sea, se enoja si me enojo, se enoja si estoy triste, se entristece si me enojo, sigue enojado si me pongo alegre y tierna, se vuelve a poner triste porque no me entiende. Así que ya ni siquiera puedo pasar en paz mis días funestos (comiendo palomitas y lloriqueando porque no me quieren). Tengo que cuidarme de no herir susceptibilidades, consolar al sujeto en cuestión porque quizás lo herí porque dije algo porque dijo algo antes que me hirió. Así. Y como soy una masita aguada en esto de las relaciones, soy yo la que se disculpa y la que sale regañada. Grrrr.
Al final, estoy tembelenque y temerosa. Odio sentir que la cago pero más odio no saber si en efecto fui yo la que la cagué, y tener que disculparme. Y lo odio porque establezco patrones desventajosos, en los que yo siempre soy la que debo disculparme (él es jodidamente bueno para victimizarse, trae en los genes eso del teatro, y además yo tengo una boca cabronamente impertinente y suelo hacer comentarios nefastos que me hacen sentir culpable).
Odio cada pequeño cambio en mi relación. Hasta parezco nueva en esto. Si llevamos semanas de alegría y amor inmensos, y de repente todo se va enfriando, no logro saber si es pasajero o si acaso la relación toda se está enfriando. Y como no quiero que pase lo segundo, empiezo a portarme excesivamente cariñosa y dadivosa (lo cual afecta tanto mi economía como mi dignidad espiritual, muaj).
Así que, en esta ocasión le vengo ofreciendo un problema adolescente a cambio de una solución práctica. No. Sólo apelo a la caritativa bondad y experiencia de alguno de mis queridos (y pocos) lectores, lectoras, para que me digan que mira, ya no te pires, mira, tranquila, la cosa es así y asá.
Anyway. Prometo traerles textos más interesantes la próxima vez.
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martes 25 de octubre de 2011
Que me negaran la entrada a El hijo del cuervo para escuchar debatir y rebatir a Mario Bellatín, por no traer credencial de elector, sería lo último en este recuento nocturnoso si no se me hubiera venido a la memoria momentos justos antes de comenzar a escribir. Total, un lugar puerco más donde se valen de palabras como "cultura", "jazz", "teatro", "libros" (no hay un solo libro dentro) para atraer cierto público snob, y medio disfrazar su antrosidad vacua y fresa de mesitas de herrería en una justificación de ser-en-el-mundo (o quizás en el mundo no, sino sólo en una esquina del Jardín Centenario de Coyoacán). Pero y qué. Al fin tuve un recorrido postrímero e improvisado por calles de las que ya ni me acordaba, un moka (¿mocha?) rico del Jarocho, una plática rápida, seguida de una invitación audaz de un amable francesito, y el frío de la plaza, la vista de personas interesantes, una "acampada sur" de indignados como nosotros que sí se atreven a protestar. Recordé cosas, como cuando fui con el Principito a ese café y cuánto lo amaba en ese entonces; unos cuadros de elefantes y cosmonautas que hubo alguna vez expuestos; los mediodías domingueros de compras y chácharas y helados, de la mano de mis dos primas mayores; mis soledades de los 18 años cuando hacía mi tarea en una banca coyoacanense porque creía que ése era mi lugar y no quería pensar en que no tenía casa ni trabajo ni amor. Amor sí tengo ahora y soy feliz, pero aún tengo que aprender a seguir sola por el mundo, a verlo todo desde afuera, a no sentirme identificada ya con casi nada y ser un paria (por más horriblemente cliché que sea esa idea). Toda adolescente yo. Y protesto contra el mundo. Protesto contra el estúpido Hijo del Cuervo que vende la palabra cultura, y contra el clima frío y preocupado y desinteresado de las personas con las que uno se cruza en la calle. Y me observo desde lejos; sí, también a mí misma. Y sé que en el fondo está una semilla que tiene que crecer en algo, tiene que adquirir forma, tiene que hablar y moverse y expresarse por sí misma. Vamos, semilla, vamos.
Todo esto también va a pasar.
Todo esto también va a pasar.
jueves 6 de octubre de 2011
domingo 2 de octubre de 2011
Yo estaba muy enamorada. Y quizás lo que no pueda perdonarte es que me hayas quitado este enamoramiento que me congestionaba las narices. Ese temblor cada vez que te tocaba. El ser feliz nomás con verte. El crear música a partir de ti.
Ya deja tú el que no me amaras, es lo otro lo que yo creo que no voy a perdonarte.
Ya deja tú el que no me amaras, es lo otro lo que yo creo que no voy a perdonarte.
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martes 27 de septiembre de 2011
Cambios en el clima
Tal vez debí haber elegido a otro o a nadie. Tal vez debí haberme acorazado, no abrirle aquella primera vez, no corresponder a su cuerpo, golpearlo cuando me habló de otra. Cambiar mi colchón. Tal vez una incisión cerebral me habría venido bien; o quizás debí haberlo visto siempre como hoy lo veo: terrible, mordaz, apio, cavernoso, vacuo, lívido, borroso, sin brazos, sin labios, sin cintura, sin testículos; todo un enemigo.
Así no tendría hoy que arrancarme el corazón y comérmelo. Desgarrarme el pecho primero. Perder mi forma humana. No tendría ahora que re-configurarme, inventarme un sentimiento, tratar de quererme para llenar vacíos, mirar con ojos veloces y angustiados otras demostraciones de cariño. Podría haberlas vivido, no estarlas mendigando. Podría haber vivido. Podría haber. Sentido. Amado. Palpitado. O sólo vivido, bailado, disfrutar el no sentir, tener miles de orgasmos con el chico que me muerde los dedos, con aquel que cuando me abraza me come, con el que sueña conmigo o con el tímido que buscaría el calor de mi cuerpo entre las cobijas. Despreciar el cariño porque no lo necesito. Brincar entre los autos y capturar miradas guapas. Andar en la bici y sentir de nuevo el viento.
¿Qué no sabe lo que duelen las palabras o la ausencia de ellas? Artífice se dice, no las siente. Es de acero laminado. Tiene todo él un cubrimiento que lo aisla de mi amor, de mi cariño, de mis palabras como flechas llenas de espuma. Mis palabras son hermosas, mi amor es hermoso, como un panquecito recién horneado y bello, en su punto.
Apelar a quien he sido, a quien no he sido. Reinventarme-he-de. Díganme cómo quieren que sea. Siempre he querido tener ojos verdes, lo confieso. También me gustan las aletas y los hoyitos en el cóxis. Además, una guapa señorita, bien vestida y con el pelo planchado. Dejar de ser La Maga y volverme Sabina. Muchacha independiente, muy muy. De nuevo. Para siempre jamás. Nadie más en el mundo volverá a vulnerarme. Nadie más romperá mi coraza para que luego otro entre y me sequé desde adentro. Tengo un jardín selvático en mi centro y no dejaré de regarlo. ¿Me quieren en Madrid? ¿En París, en Buenos Aires? ¿En Pensy? ¿Flaca, buenona, música, poeta o loca? ¿Buena cocinera, excelente amante, intrépida corredora? Apuesto a que me ven como locutora de radio o vendedora de cigarros en un centro comercial. Escribiré poemas en las calles, tendré miles de amigos, "no" será ahora mi palabra favorita. No, no, no, no.
Juro ya no ser esto que soy ahora.
Así no tendría hoy que arrancarme el corazón y comérmelo. Desgarrarme el pecho primero. Perder mi forma humana. No tendría ahora que re-configurarme, inventarme un sentimiento, tratar de quererme para llenar vacíos, mirar con ojos veloces y angustiados otras demostraciones de cariño. Podría haberlas vivido, no estarlas mendigando. Podría haber vivido. Podría haber. Sentido. Amado. Palpitado. O sólo vivido, bailado, disfrutar el no sentir, tener miles de orgasmos con el chico que me muerde los dedos, con aquel que cuando me abraza me come, con el que sueña conmigo o con el tímido que buscaría el calor de mi cuerpo entre las cobijas. Despreciar el cariño porque no lo necesito. Brincar entre los autos y capturar miradas guapas. Andar en la bici y sentir de nuevo el viento.
¿Qué no sabe lo que duelen las palabras o la ausencia de ellas? Artífice se dice, no las siente. Es de acero laminado. Tiene todo él un cubrimiento que lo aisla de mi amor, de mi cariño, de mis palabras como flechas llenas de espuma. Mis palabras son hermosas, mi amor es hermoso, como un panquecito recién horneado y bello, en su punto.
Apelar a quien he sido, a quien no he sido. Reinventarme-he-de. Díganme cómo quieren que sea. Siempre he querido tener ojos verdes, lo confieso. También me gustan las aletas y los hoyitos en el cóxis. Además, una guapa señorita, bien vestida y con el pelo planchado. Dejar de ser La Maga y volverme Sabina. Muchacha independiente, muy muy. De nuevo. Para siempre jamás. Nadie más en el mundo volverá a vulnerarme. Nadie más romperá mi coraza para que luego otro entre y me sequé desde adentro. Tengo un jardín selvático en mi centro y no dejaré de regarlo. ¿Me quieren en Madrid? ¿En París, en Buenos Aires? ¿En Pensy? ¿Flaca, buenona, música, poeta o loca? ¿Buena cocinera, excelente amante, intrépida corredora? Apuesto a que me ven como locutora de radio o vendedora de cigarros en un centro comercial. Escribiré poemas en las calles, tendré miles de amigos, "no" será ahora mi palabra favorita. No, no, no, no.
Juro ya no ser esto que soy ahora.
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martes 6 de septiembre de 2011
Hablo de la muerte
Hablo de las sensibilidades poderosas
De la belleza construida con los materiales fuertes
Hablo de caminos nunca antes transitados
Hablo del sendero vibrante, del colosal arpegio
Hablo del trazo que ordena al alma dispersa, de la onda mayor
Del sistema sagrado, visible únicamente con los ojos cerrados
Hablo de la eternidad, de su vestido limpio ensuciado por el fango
Hablo del mar, de su madera noble, hablo de la música de los papeles blancos
Del desánimo que es una cascada de noche y del espíritu, que es un verso intermitente
Hablo de los olores de la piel cansada, del amor y de sus cuartos fríos
Hablo de la ilusión de los poetas que se pudren como alimentos secos, hablo
Del sol que se queda dormido como elefante viejo, hablo del centro, del origen
De las manos rasposas, del polvo que ensucia los pulmones y los vuelve gruta
Del que distraído teje el polvo y lo convierte en manto, del aroma oculto en la memoria
De los grandes dibujantes que trabajan desvelados, del sueño que quiere construir sus
Propios dioses, hablo de ventanas sin cristales por donde entra el brillo de estrellas
Diminutas, hablo de las posibilidades infinitas que la muerte ofrece en tierra firme
Hablo del abismo como una planta curativa, hablo de los bosques donde llegan a morir
Luciérnagas heridas, hablo de los gatos ciegos que chocan contra muros y baldosas, hablo
Del cambio de color en los arbustos matutinos, hablo de la muerte que se filtra y envenena
La materia de las flores, hablo de mover una mano, de no moverla, de dar tres parpadeos
Para contener el infinito, aquel que nos lleva a la montaña donde ya no hay agua
Aquel que nos hace preguntar por qué yo y por qué aquí y por qué la tediosa
Sensación de estar despierto, hablo de que uno mira una puerta y se detiene, hablo de entrar
Y no saber lo que habrá adentro, hablo de vivir en un lugar al que no se hubiera llegado
Respirando, hablo de la historia universal y de su memoria moribunda, hablo de las juntas
Matutinas a donde van los muertos, hablo de los que se consumen tratando de entender y
Duermen angustiados, de lo que no se dice y se fatiga y termina dejando un hueco que
Después no se distingue, de lo que se espera y de lo que nunca se halla
De lo que no es dable a los sentidos y de las playas con escasos visitantes
Hablo del aire que sube como si quisiera irse del mundo, hablo del aire
Que llega a sus límites y brinca la cornisa, de lo que nace y en seguida muere
Del azar que no revela nunca su secuencia, de los escalones blancos
Que en el sueño se evaporan, hablo de las fiestas del sueño, de las profecías de santos
Negros, del que olvida su rostro y el tono de su voz y el brillo de sus ojos grises
Del ruido permanente que no deja de zumbar en la vigilia, del que interrumpe
Con la mano el flujo de la luz y se pregunta, si el muro ha cambiado de color
Por que hay otro universo, hablo de lo que existe a pesar de ser confuso, del que se habita
Confundido, de los edificios con los baños rotos y las paredes enlamadas
Hablo de los que se disocian a fuerza de rigor, de los que leen poesía
Y sueñan con desiertos, de los que gastan el tiempo en conjeturas, hablo de los pocos a
Quienes coquetea la maldición de lo posible, hablo del sentido evaporado
Que ha de detenerse en algún sitio, hablo del loco que vive en una
Melodía invertida, pero en una melodía, hablo del loco que escucha
Su pulso y piensa que su tacto es un volumen derramado, un péndulo
Entumido que avanza hacia ruidos milenarios, tra ta tán, que viene el muertoTra ta tán que viene de regreso la mente que se dejó llevar por el espejo
Tra ta tán que los locos del espejo ya supieron, que la expresión perfecta
Es un dolor del universo, tra ta tán que la sensibilidad espía al ser perfecto
Tra ta tán, hablo de la música, de la palabra que en sí misma
Es la blancura, hablo del desequilibrio, que es una filosofía inmensa
Embriagada en su columpio, hablo de los caballos de Dios, de los caballos marrones sin
Espíritu que cabalgan sobre campos humildes, hablo de quienes se enamoran del azar y
Hallan lo mismo, del que se asombra del árbol a lo lejos y prefiere no avanzar, de lo bello
Que destruye bajo su natural respiración, hablo del dolor, aunque los santos tiemblen, hablo
Del universo que es un veneno inteligente, una música incompleta, hablo del movimiento
Voluptuoso de los ataúdes, del desconocido cementerio donde se besan por las tardes los
Novios niños, hablo del arco y la centella, de la aurora fulminante y del conjuro que se
Neutraliza por dictarse en el ensueño, de las palabras de sustancia gris, de las palabras que
Salen a las gestas con pequeños escudos de madera escurridiza, de las percepciones largas
Que caminan sin rumbo, de noche, para ponerse a llorar en bodegones de obra negra, hablo
De los ojos que se nublan de tanto contener el agua, hablo de la luz dispersa, sin orden, que
Se derrama como baba eléctrica sobre la mesa de cocina, hablo del tiempo que avanza sin
Prisa, desganado, como un campesino que retorna a casa mientras oye el mar, hablo de los
Patios limpios y de las estaciones de ferrocarril llenas de humo negro, hablo de
Los que piensan que la tristeza es una sensación deforme, de los que
Especulan sobre las sirenas cuando no pueden dormir, de los que arrastran las sandalias
Con cautela para no romper la madrugada, de los que se quejan en silencio pero aún no
Están dormidos, de las alucinaciones, que son un rechinante carrusel de oro escondido en el
Taller de cobre, hablo de los viejos que se levantan a mirar la noche cuando piensan en la
Muerte, hablo de la noche, que es la versión sensible de las formas, de los poetas que
Extraen de las cosas su válvula secreta, su cualidad definitiva, de la llanura y de su
Polvo inerte, de las larvas que mueren antes de cambiar de piel, de las
Mariposas y su hermoso concierto mudo, de los niños castigados que desperdician
Sus cuadernos para hacer aviones, de los que todas las tardes suben a las azoteas para
Planear excelsos aerodinámicos modelos, de quienes imaginan una hoguera donde
Se consumen las adolescentes brujas, de los insectos que vuelan en desiguales
Órbitas amigas, de los alumnos de camisas limpias y rodillas sin tierra, que se angustian
Con el vuelo de las aves, hablo del desvelo quirúrgico que destaza para siempre
A la conciencia, de las palomas que buscan granos en la tierra, del rostro demencial
Que se refleja sin firmeza, de quienes saben que la lógica es una embriagada espiral
Con ridículas pretensiones de ser línea, hablo de quienes una noche se despiertan, y se
Encuentran con que todo está en un fabuloso cataclismo, hablo del miedo indescriptible
De los que ven más allá de los sentidos, hablo de lo que no se dice y determina, hablo del
Olvido, de su periferia descompuesta y de sus balcones altísimos, hablo de cuando los
Astros resuelven sus errores milenarios en las pesadillas de los niños, hablo de quienes
Agotan todas las formas del dolor y nunca escriben una línea, hablo de la fiebre, de la
Frente llena de sudor y de los dolores nuevos, los que no han sentido carne alguna por ser de
otro universo, hablo de los que asesinan todo lo bonito, de los que trabajan Incansablemente
para conocer el camino de regreso a la locura, de los que vieron el mármol Sudoroso de la
segunda mente, de quienes estuvieron ahí, en lo otro, en lo que difícilmente Se pronuncia
por ser de los demonios, hablo de los que besan el cuello de su amada antes De asfixiarlo,
mientras sus ojos la miran con un amor que jamás podrá exhibirse, hablo de
Los segundos posteriores a la muerte, del cuerpo quieto luego de haber querido
Jalar aire, hablo de la mano que frasea una caricia, de la habitación iluminada
Y de las sábanas tiradas en el suelo, hablo del librero, de las colillas de cigarroDe que todo grita en una tonada que no entiendo, de que al amanecer los veladores se
Despiden sin prisa, hablo del silencio, de las ideas que en lo profundo fijan una imagen que
No llega a emerger, hablo de los ojos bien abiertos y de los músculos tensos, hablo del
Pulso, esa percutiente manera de ir muriendo, de esa tonalidad inconclusa que avanza a
Tropiezos, hablo de las aves, de la tímida cortesía con que trepan a los árboles, de la
Inusual serenidad de su respiración, y del ramaje denso de los sueños, de que en los sueños
Las habitaciones son más altas, y sus muros más espesos, para que no entren los ruidos de
la Noche, para que el nebuloso paraíso de la luz eléctrica se desgarre en su lírico alambrado
Hablo de que alguien fuma en el sueño, y el humo se pasea en las azoteas vecinas, hablo de
Que la realidad no se organiza, de que la madrugada avanza torpe, como un sinuoso desfile
De raíces que nunca tuvo origen, hablo de que tras los párpados dormidos todo sucede con
La precisión de una rotura, de que la realidad avanza bajo un fin incierto, de que la realidad
Es una niña vistiéndose de luces para llegar temprano a su exterminio, y hablo del vacío,
De que toda fuerza destructiva es el inicio de una noche, de que toda voluntad es poderosa
Mientras vive, y de que esto que habitamos es la realidad desprendida de una vértebra, un
Salón sin luces a punto de cerrarse, hablo de que la realidad avanza como un caballito de
Mar montado por un niño cuyo corazón late de prisa, de que la muerte enseña la
Monstruosa dificultad con que comienza un orden y de que el amor es un puente colgante
Siempre a punto de caerse, hablo de llorar, llorar y retorcerse, de volverse humo cuando la
Noche comienza a naufragar, hablo de que en el máximo dolor se respira al fin un
Fragmento de pureza, hablo de la sensibilidades azulinas, hablo de los que mueren porque
Su sensibilidad es una hidra, hablo de los que mueren a veces, de los que mueren
Hablo de la muerte.Leopoldo Lezama
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lunes 5 de septiembre de 2011
Hay pocas cosas en las que creo, y ésta es una de ellas: todos nosotros necesitamos la literatura, la música y el amor para vivir.
Es simple pero cierta.
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declaración
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Yo cultivaba zanahorias en una huerta. Las zanahorias nacían delgadas y ligeras, de un anaranjado hermoso y vivaz y con un ramillazo verde en el copete. Siempre quise creer que era una zanahoria. Viví atormentada por fantasmas. Los fantasmas cruzaban corriendo por el campo que había afuera de mi casa. Siempre temía que se asomaran a la ventana a verme y por eso no podía yo misma mirar hacia la ventana. Además las formas blancas siempre estarían corriendo furtivas por ahí. Viví con miedo, pero viví. Me construí toda una identidad bien firme; nada que ver con esas zanahorias enclenques. Sin embargo, me enamoré una y otra vez. Varias veces se enamoraron de mí. Recuerdo uno que se enamoró tan perdidamente que me dijo las cosas que no me ha dicho nadie, a pesar de que yo nunca le hice caso; ni un beso le di siquiera. Pero luego vino el caos. Un muchacho rubio y de trigo me rompió el corazón como ninguno, y sabes qué, yo seguí enamorándome como si no supiera, como si nada qué. Esta última vez no fue amor. Quizá eran sus manos; esas manos que tenían toda una personalidad independiente. No podía dejarlo bajo ninguna circunstancia. Él era muchas canciones contenidas, muchas palabras contenidas, las frases que quise todo el tiempo decirle y que no podía. Como aquella única vez en que lo amé cuando tuvo un orgasmo. Pero mi amor se traducía en querer ser amada. Me pregunté en ese momento porque no me abrazaba con fuerza y me decía que me quería. Como podía estar ahí acostado, después de ese momento tan trascendente y no explotar de emoción. Qué quería. Quién era él. Quién sabe. Quizás un fantasma. Quizás al final, los fantasmas se habían asomado a verme por la ventana y eran imberbes y sin sentimientos y tenían manos hermosas.
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miércoles 24 de agosto de 2011
Pst pst. ¿Un secreto? Cuando entré a trabajar aquí enlistaron todas las actividades que tendría, y me preguntaban si me agradaban, si me motivaban (porque para ellos es muy importante la motivación de los empleados, a eso se dedican; es una consultoría). Y yo, toda poker face, con una medio sonrisa en la cara y los ojos pasmados de seguro, asentía, decía sí sí, me encanta la corrección, redactar reportes, oh, aprender cosas nuevas pfff. Cuando en el fondo sólo pensaba "oooy, no, oooy noo, oooooyy nooo". Al final decidí quedarme sólo porque la paga me permitiría vivir sola y hacer lo que yo quisiera. Pero todavía, cada vez que llega un reporte, píenso "oooy no, oooyy noo".
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mí misma
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