Es inútil, dice Juan. Uno va por la vida tendiendo lazos, tendiéndose a ellos como arrojándose al mar, y lo traicionan, dice Juan. Aunque no siempre es así. Juan recuerda aquellas veces en que la primera cara que le da la gente es sonriente y cuando se da la vuelta, ¡zam! un putazo en la espalda. Juan triste, es imposible, dice. ¿A quién confiarle la vida? Es absurdo, dice Juan, que en un segundo todos se rebelen en contra tuya. Qué sucede, pregunta Juan sin preguntar a nadie. Y luego le dicen a uno que no te importe no hagás caso, pero qué demonios es eso. Uno no puede ir solo por la vida, afirma Juan. Uno tiene siempre la necesidad de asociarse, de construir puentes afectivos, reflexiona Juan. Juan está solo y triste y solo y triste. ¿Por qué estás tan triste, Juan?

Summer daisies

Hoy fui a ver una película al cine SÓLO porque me invitaron y porque mi parte kitsch-cursilonasentimental-baratera quería alimento baratero sentimentaloide, y ya. (500) days of Summer. La película no es mala mala maaala, al contrario, tiene recursos bastante simpáticos y lindos, y es graciosa-tierna y así. Sin embargo, no puedo negar que activó mi masoquismo inquisitivo (nuevamente, baratero), reflejándome varias veces, muchas, en los personajes principales.
Y es que sí, ya me pasó enamorarme cabronamente de alguien que nomás no; me pasó ser "the one" para otra persona y no sentir lo mismo; ya me tocó salir con alguien que aseguraba no querer nada formal, y que en una semana ya había empezado una relación con una persona con la que había salido sólo dos veces. Ya he pasado de la felicidad inmensa a la tristeza más sublime. He actuado incongruentemente también: estando con alguien, he parecido totalmente enamorada un día y totalmente indiferente al otro. Ya he dicho "sólo quiero que seamos amigos" y arrojarnos a hacer el amor apasionadamente veinte minutos después. He estado en ese punto de decir "no quiero olvidarlo, quiero que recuperarlo". Me he enamorado por compartir una canción, un libro, un lugar. Me he creado expectativas más altas de la realidad, se han creado expectativas conmigo que no puedo cumplir. He amado, me han abandonado cruelmente, he tenido días de depresión y de no salir de la cama y de llorar y llorar patéticamente. Pero siempre, siempre, siempre, he conocido a alguien más. ¿Quién no?

Y bueno, ya. Se me han vuelto costumbre las peroratas chafas.

Me desconecto. Abur.


made

Te recuerdo ahora con el pelo blanco, riéndote y moviendo la cabeza para un lado y para el otro para un lado y para el otro. Recuerdo sólo lo bello. No pienso en esa última vez en el MUNAL ni en la lluvia que despreciaste ni en la estación de metro Allende. No. Te recuerdo cantando y besándome cuando decía "topito", riéndonos con Les Luthiers, besándonos cuando nos faltaba el aire de besarnos. Y así pasarás a ser en mi memoria imborrable, lazo salvavidas (tú, ¿quién lo diría?) del que me sujeto cuando todo lo demás en mi vida se está cayendo. Ahí estás tú. Los momentos cortos contigo me sostienen cuando olvido que lo peor peor peor que me pasó fue perderte, que dejaras de amarme, que volvieras con ella.
Pero ya ves, hay que olvidar esas cosas para poder sujetarse de algún lado.

Un himno para ti mismo


Extraño contar las horas con tus deditos. La vida ya no es igual sin tus deditos amarillos. Solíamos contar los acordes de las canciones, enumerábamos las veces que Miles sincopaba, uno, dos, con tus deditos pequeños y dorados y de trigo. Te pedí que me enseñaras a tocar en jazz, tú accediste en silencio y mirándome muy bajo; siempre apareces silencioso ante mi recuerdo; calladito y tomándome la mano con tus deditos chiquititos amarillos que apretabas en mi mano. A veces me sonreías dulcemente; a veces sólo me sonreías y a veces yo decía que esa sonrisa era totalmente mía y trataba de apresarla -ahí, ahí, ésa, no, ésa-.
Paso radiografía a tu cuerpo y alguna vez fuiste de trigo como el principito. Luego te volviste blanco y tu vientre yacía debajo de mi voz anhelante diciéndote "te amo". Y eso sólo recuerdo. Luego eras incorpóreo, transparente, y te miraba saliendo de mí cada vez que me acostaba y te lloraba: un fantasma silenciosamente frío. Ahora tienes todos los colores y todas las texturas.
Verás, no es precisamente así. El otro día te pensaba como se piensa en los apuntes de teoría, repasándolos mentalmente; te pensaba y te vi con ojos y boca de Pedro Páramo y el cabello negro y corto y encrespado, la cintura angosta, el polvo en las manos. Estás aquí, estás en todos lados y no te importa. Tienes la mirada fija en el norte, en Susana San Juan y ese sabor dulzón que te dejó después de que se fue.
Y no, ni siquiera eres Pedro Páramo -tan soberbio, tan austero-, y ya nunca más serás Teseo. Existes en un mundo que no es el mío. Ya no me habitas. Mi noche es alta y mía.
Paso radiografía entonces de las presencias que me habitan y me voy quedando desierta. Mi vida en foto se vuelve un campo de flores silvestres con viento suave que acaricia la yerba y la vuelve llamarada tranquila de tierra verde. Tú no estás en ella.
Y te extraño con una fiereza tierna; resignadamente. Me resisto con poca fuerza. Me miro extrañándote y ya me adivino y espero pacientemente a que termine de llorarte todo lo que se pueda. Y entonces vuelvo a casa, ya callada y tranquila, y me encuentro aún más silenciosa de lo que tú fuiste en vida, y me recuesto boca abajo, y el día recomienza, y hay amapolas rojas regadas en mi cama, y duermo y sueño. Mi muerte es alta y mía.

Problemas de traducción

¿Y qué pasa si cuando digo lluvia te pido manzanas dulces? ¿Si cuando digo ocre te estoy diciendo que me gustas, me gustas me gustas, y cuando me refiero a ti como sedosito, cobaya equina con pelito y panes, en realidad te digo que ya no puedo dejar de pensarte que me llenas la pupila que a veces te extraño de una manera casi imperceptible? Y entonces así, si te pregunto qué harás hoy qué harás mañana, la cuestión de trasfondo es que me digas si entre tú y yo está terminantemente prohibido sentir algo más que los besos, el sexo, el trato normal de los panes y las bebidas frías, los condones de naranja y los apretones en la panza.

Aluvias.

Cada vez que alzo un pie, una marejada de aire frío se cuela bajo mi talón vacío. No hay nada que hacer al respecto.


Variaciones sobre grafografías.

Escribo y escribo, y escribo que escribo, y me veo escribir mientras me dibujo y me creo mientras escribo, y parece que escribo pero en realidad dibujo, me dibujo a mí misma, soy negra e irregular, me dibujo mientras escribo, me creo mientras escribo, hay palabras que engendran gente y yo las dibujo mientras escribo y me voy creando.
Después de varios días llegué a una conclusión terrible: los perros muertos en la carretera no fueron atropellados por casualidad mientras cruzaban de lado a ... ¿muro de contención? el periférico (¡!). Seguramente fueron abandonados por sus dueños que ya no los querían. Es curioso que sean perros de buena casa y que además estén todos en la orilla izquierda, pegados al muro. Y es que por la autopista México-Querétaro, que luego se convierte en Periférico, realmente no hay perros vagando. Entonces me imagino al dueño malvado yendo en la noche, a escondidas de sus niños, a botar al pobre perro a mitad de la autopista a que el primer auto que pase lo arrolle y termine con su vida. Qué cosa más horrible. Al día siguiente el conductor malvado dirá a su familia que Manchas ha escapado, que qué triste, y les comprará el más reciente videojuego a los niños para que no hagan más preguntas.

Cosas kitsch que mejor quedarían en un mail cadena.

En medio del caos, una isla: diez sutiles placeres:

1. Llegar a casa y que tu mascota te salude con una emoción incontenible; que te salte encima, llore, te bese, te abrace...
2. El calor en los pies en una noche fría.
3. El sabor dulce y delicioso de un postre.
4. Manejar a toda velocidad y sin nada de tráfico.
5. Cruzar en la calle una mirada con un desconocido. Voltear y darse cuenta de que ambos, el desconocido y tú, voltearon al mismo tiempo.
6. Un abrazo dado con toda el alma.
7. Un orgasmo.
8. Escuchar una canción y sentirla, y cantarla a toda voz.
9. El primer "te amo".
10. Saber que le gustas a alguien.

Y más, miles, muchos más.

Día D.

El día en que el peso de la piedra fue más grande que su voluntad, Sísifo sólo la dejó caer y la vio derrumbarse cuesta abajo, perdiéndose en el páramo. Entonces murió Comala. Y Sísifo se fue silbando.



Y me encontré reconstruyendo piezas para luego destrozarlas todas.
Me encontré tejiendo redes que fueran fuertes, hilando un puente hacia ti para así navegar calmada.
Y me encontré recordándote a cada paso que daba, descubriendo palabras (y con las palabras, mundos) donde pudiera habitarte.
Y me encontré tuya. Tuya, tuya, tuya, tuya. Ciega y náufraga pero tuya. Abandonada, desértica, inmóvil, inmóvilmente tuya.
Me vi sola de nuevo (sola siempre) y buscando el camino de regreso a mi morada.
Nao era melhor que nos cuspissemos de uma vez?
Ya me cansé de encontrarme, y encontrarte en mí, y ya no sé por qué me sigue sorprendiendo que no me quieras. Debería estar bien acostumbrada.


sobre mi desaparición

1.

Todos los días aparece un perro muerto sobre la carretera. No me explico de dónde sale un infortunado perro diario que intenta cruzar los doce carriles de la carretera. Y la gente que lo ignora, y peor, lo atropella. Ahora son tres perros muertos sobre la carretera.

* * * *

2.

Me recuesto junto a él, sobre su cuerpo desnudo. Así: de lado, sobre mi costado derecho; mi brazo izquierdo lo abraza, desnudo; mi cabeza en el hueco que se forma entre su hombro y su mejilla; un beso y cierro los ojos.
Un déjà vu. Ya he hecho esto antes, siempre. La misma imagen, misma escena, mismos pasos para quedarme dormida. Un hombre diferente cada vez, desnudo siempre.
Me doy cuenta entonces de que el cuerpo del hombre al que abrazo es sólo un espacio que hay que llenar con un cuerpo cualquiera. No cualquiera; un cuerpo al cual querer con un beso y quedarse dormida.
Antes me era difícil dormir con alguien: sin confianza y cariño mutuos no podía yo cerrar los ojos. Ahora me es tan fácil llenar el espacio del hombre al que amé con un cuerpo cualquiera. No cualquiera; un cuerpo al que quiero amar también pero no amo todavía; quiero amarlo pero no por el cuerpo en sí, sino por el espacio que el cuerpo ocupa. ¿Me explico? El espacio, sustancia (el espacio que alguna vez ocupó un hombre al que amé demasiado, el espacio que ahora está vacante y que necesito llenar con desesperación inconsciente); el cuerpo del hombre, accidente.
Me asusto de la sucesión de cuerpos que azarosamente se intercalan ante mis ojos. Intento romper la rutina de alguna manera (un beso distinto (me incorporo y lo beso en la mejilla contraria), me doy vuelta, cualquier cosa.) Ese cuerpo desnudo tiene un nombre y una cara, es un ser que yo elegí justificándome con razones validísimas: deseo su cuerpo, el suyo, el click que hacen nuestros ojos cuando se miran y los muchos días que nos costó besarnos por vez primera.
El espacio se llena, pero es sólo un momento. El nuevo cuerpo no me deja quererlo del todo y entonces el espacio se vuelve a vaciar. No soy nada, retumba en mis oídos, no soy nada sin tu nombre en la ladera.

* * * *

3.

Una de las cosas más pedantes que he oído en mi vida es a alguien diciendo: "Soy poeta. ¿Tú eres poeta? Agradezco a mis amigos poetas que..."
Ser "poeta" no es un título que uno pueda darse a sí mismo. Mejor es decir "yo escribo poesía" o hasta "soy escritor", ¿pero "soy poeta"? Pfrrrrpf.

Además aprendí algo sobre los hombres (poetas): una situación hipótetica: hay una fiesta. Hay pocas chicas en la fiesta. Hay una chica en la fiesta que especialmente atrae la atención masculina. Varios guerreros intentan coquetear con la chica de la fiesta. La chica en cuestión los rechaza a todos. ¿Qué pasa? Todo estará bien para los guerreantes hasta que descubran a la susodicha besándose con uno de los hombres ¡que ni siquiera le estaba coqueteando! Ellos se molestarán sobremanera. ¡Cuidad! El ego de alguno de ellos puede ser tan grande que incluso podría terminar yéndose de la fiesta antes mentada. El ego, señores, el ego.

Otelo


Aquella vez los dos nos habíamos dejado llevar por la obra cada quien por separado, sin tener en ningún momento la necesidad de unir solidarios nuestro estremecimiento en un abrazo. Cada quien leyó las líneas a su manera, era Fresas en invierno un guión tan cercano a nuestra realidad particular, que las asociaciones vinieron inmediatas, y él salió meditabundo y conmovido, y yo algo triste; nostalgia del el paraíso perdido.

Ahora la actuación nos penetró hasta los huesos. Otelo estaba furioso, imponente. Yago era el ente más cercano a nuestras butacas de fila 1, y nos plantaba en la cara esa realidad que no era la nuestra, pero que tal vez sí. Los celos sí son nuestros. Son míos, por lo menos. Otelo se convirtió entonces en un Miguel rabioso.
Al final, el silencio de los asistentes dejó ver lo que nosotros dos ya sabíamos (muy juntos, nos apretábamos las manos sin decir nada; imposible romper con una palabra impertinente el ambiente tensísimo que imperaba en la sala. Nuestro corazón se había detenido): Shakespeare, magnífico, sabe hacer que uno encuentre la sublime pasión humana en lo más recóndito de su espíritu.
SOBRE LA POESÍA
Juan Gelman

habría un par de cosas que decir/
que nadie lee mucho/
que esos nadie son pocos/
que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y

con el asunto de comer cada día/se trata
de un asunto importante/recuerdo
cuando murió de hambre el tío juan/
decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/

pero el problema fue después/
no había plata para el cajón/
y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo
el tío juan parecía un pajarito/

los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/
murmuraban
que siempre los están molestando/
que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no
pajaritos como el tío juan/especialmente

porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje
hasta el crematorio municipal/
y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/
y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/
el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que
les hacía pío-pío en la cabeza/el
tío juan era así/le gustaba cantar/
y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/
entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/
y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero

volviendo a la poesía/
los poetas ahora la pasan bastante mal/
nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/
el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil

conseguir el amor de una muchacha/
ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/
que un guerrero haga hazañas para que él las cante/
que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/

y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron
las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/
o simplemente los poetas/
o pasaron las dos cosas y es inútil
romperse la cabeza pensando en la cuestión/

lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío
en las más raras circunstancias/
tío juan después de muerto/yo ahora
para que me quierás/



De las travesías II

La ciudad no es bella, por lo menos no lo es dentro de mi paradigma de lo bello. Está demasiado sola, demasiado aislada. Chihuahua es tan grande que la gente cree que para abarcarlo tiene que construir calles extensas, plazas enormes, locales gigantes, terrenos inverosímiles que nunca acaban a la vista. Y, desde que llego, la SEMEFO, las noticias negras, los comentarios -medio en broma, medio en serio- de aquellos que ya se han acostumbrado a la crueldad de vivir en estas calles.

Mi desesperación por ser amable y no estar sola se nota desde un principio. Platico, bromeo, sonrío mucho. -Pregunta obligada -me dicen. -¿Quién es tu escritor favorito?- Las risas, eso no es algo que se le pueda preguntar a alguien de literatura, muchos nombres salen a flote (y yo por dentro, Cortázar, Cortázar, siempre será Cortázar. Me alegro de que aquí en el norte no estén tan cansados de su "estrellato").

Desde que lo conocí me pareció lindo. Agradable a la vista. Él es alto, moreno, y con esa actitud de seguridad, de que todo está bajo control, que tanto descontrola a quien lo mira. Es él uno de los organizadores del congreso.

Llegamos al hotel y nos agruparon a cuatro personas para que compartiéramos habitación. Dos niños y dos niñas. La niña con la que me toca dormir no es nada delgada y eso me preocupa un poco. Mientras nos preparábamos para salir empezaron las charlas. Sobre literatura, sobre nuestras universidades, etcétera, etcétera. Se destaparon las "birrias". El ambiente me gusta desde el principio. Soy feliz. Un pequeño territorio de paz y tregua en medio del caos demoledor que ha sido mi vida. Me entrego al momento, no pienso en nada más que en divertirme, en ser yo, en darme*.

Desde la camioneta en la que nos transportaron al bar donde comenzaría la fiesta, por supuesto que noté el interés del chico alto. Allá, más todavía. Terminamos bailando juntos y besándonos apasionadamente después de intercambiar palabras cruciales: -Fui a Cuba hace dos años; soy socialista. –Fui a París este invierno; soy parisiense. –Vine a esta ciudad con miedo. –No te preocupes, yo te voy a cuidar… es mi labor como organizador del congreso. Estás preciosa, por cierto.


Lo mejor de dormir con tres extraños es que las pláticas se prolongan hasta el amanecer como si tuviéramos años de conocernos. Todos contamos nuestras conquistas de esa noche. Felipe me besaba fuertemente, salvajemente. De repente, me sorprendí llorando. ¿Por qué lloro?, me pregunté. Entonces me di cuenta de que los labios me ardían terriblemente, Felipe me los iba a arrancar a mordidas. En medio de la pasión no había notado que los labios me dolían. Y era una lucha dolorosa pero excitante. Yo lo empujaba y el más me mordía y mis lagrimones salían y yo los contenía con un dedo y lo seguía besando.

Esa noche dormí y soñé con Farabeuf.

De las travesías I


Los viajes en avión me causan siempre esa sensación de estar dejando atrás todo y la abierta posibilidad de ya no regresar. Esta vez la incertidumbre se combinaba con el miedo: Ciudad Juárez no es el lugar más seguro hoy en día. Me iba además con el corazón flaco, deshecho por todo lo vivido estos últimos meses. Para mí viajar es una manera de sentirme más fuerte de lo que soy realmente. Es como ponerse una máscara y andar despreocupada por la calle, esa seguridad que da el que nadie me conozca, el que nadie me interrogue, el ser nueva para todos.
Llegué al aeropuerto dos horas antes. Nunca había esperado mi vuelo totalmente sola. Estaba apagada, seria, callada. Entré a una librería del FCE, y después de tardarme más de media hora eligiendo libros de la misma editorial para que me hicieran descuento, me dice la dependienta que no, que no están haciendo descuentos, que I'm sorry, y luego la declaración descarada de que en general ahí cuestan los libros más caros porque la renta que se paga es muy alta. Y a mí qué.
Iba a dejar todos mis librillos, pero al final me quedé con uno de Juan Gelman: sabía que iba a presentarse en Cd. Juárez y tuve la esperancilla de que me lo firmara ilustremente.
Otra hora y cuarto de espera. Vagué por el aeropuerto; no demasiado lejos, porque con mi desorientación geográfica (moral, emocional, afectiva y profesional también, pero eso no es algo que aquí incumba) me es muy fácil perderme. Al final me dio sed y me senté en una cafetería a tomar un té helado y leer. No pude concentrarme porque en la pista de aterrizaje se estaba dando lo del supuesto secuestro del avión por el sujeto boliviano, y militares y policías entraban y salían muy alterados de todas partes. Les contaría del avionazo, pero me da hueva.
Cuando al final pude abordar el avión, me recosté junto a la ventanilla y continué leyendo. Subir, subir, y dejar atrás la ciudad que yo amo es bien emocionante. Además, Interjet tiene una peculiaridad: puedes ver en unas pantallitas cómo se despega y aterriza desde la misma perspectiva que el piloto.
Chihuahua es hermoso desde arriba: la tierra seca y desértica sería imperturbable si no fuera por manchillas verdes que la salpican como viruela o invasión de gérmenes asesinos. Desde arriba uno no reconoce las manchas: ¿matorrales? se pregunta. Son kilómetros y kilómetros (que en vuelos se cuentan por los minutos que uno pasa sin que el paisaje varíe) de desierto salpicado de manchitas. En la pantalla del avión el capitán informa que pasamos por Delicias, pero ni rastro de que allí haya o hubiera una ciudad. Cuando al fin nos acercamos a la pista de aterrizaje, las manchitas se distinguen: eran enormes árboles que quién sabe por qué crecen de manera tan irregular y aislada. La pista aparece de repente como si surgiera autónoma, igual que los árboles.

Martes 13 de febrero



Estoy tocada de ti, de mí, de él. Lianas como tentáculos oscuros se mueven inquietas entre mis extremidades. Estamos unidos a la misma estrella y ni tú ni yo lo sabemos; estamos unidos por la parte posterior, cada uno mirando hacia su mundo, y en medio un Ixión, un Argos, un Sindbad que se quita la máscara y se encuentra vacío. Yo, vacía sin máscara desde que te fuiste. Tú, vacío porque adentro de ti no hay nada. No puedo escapar de la estrella, de las redes vivas que se tejen entre mis piernas: siento la misma fascinación que tú ante el poeta. Estoy navegando celta, neblina grisácea moja mis pestañas, la nube es un barco místico que me lleva a tierras vírgenes, a la misma isla que tú ya has habitado, antes que yo porque tú la conociste antes. Y yo aquí, varada. Y no pienses que te persigo. No, no te persigo, pero mirá que el poeta nos amarra transparente. El momento que vivimos es el mismo, sólo que en polos opuestos. Yo también quiesiera gritarme desde tu boca, yo también me soy perdida, inhabitada, sin más máscara que la planicie oscura de mi rostro abandonado. Y te juro, ya no quiero este lazo contigo, no quiero que nada más me una a ti. Pero, ¿qué hago si el poeta también me llama con el conjuro del melodrama?
Yo sí que soy nacida de tu mano.
Todos sabemos que del odio al amor sólo hay un paso, casi siempre involuntario. El proceso contrario, no obstante, implica malicia, una decisión conciente. Las consecuencias son fatales: al menos una de las partes sale herida, una relación del todo rota, una amistad perdida. A diferencia de su homólogo inverso, éste es casi siempre un acto de injusticia, parcial, unilateral y arbitrario. E irremediable, en la mayoría de los casos.

Oblitus sum


Cuando mi abuelo murió, nosotros lloramos mucho. Mi mamá me despertó con la noticia y sentí una furia inmensa. Y el llanto. Afuera del hospital, llanto y llanto, estábamos tan tristes. Varios días después, incluso, recordaba a mi abuelo alegre, y me volvían las lágrimas.
Ahora mi hermano y yo sólo nos quedamos muy serios cuando a veces, en año nuevo por ejemplo, mi abuela y mi papá lo recuerdan y se abandonan a ese llanto implacable otra vez. Mi hermano y yo nos miramos mudos, con la mirada baja, pero incapaces de volver a llorar. ¿Pensarán los mayores que los jóvenes olvidamos rápido la muerte de un ser querido?

Siempre en el olvidar hay un asunto de ego. No se trata de la memoria, es el yo, el jerarquizar los pensamientos y decidir a cuáles se les da más importancia. Ego. Y si uno es el olvidado, peor aún: ¿por qué has de olvidarme ya, tan pronto?
Eso es lo que prevaleció en mí después del dolor de perder al P., que se haya olvidado de que yo lo amé tanto.

Varias personas me han dicho ya que los hombres olvidan más rápido que las mujeres. Pero entiendan, me lo han dicho como un hecho contundente, irrefutable, pasado por el análisis y la comprobación, y no sólo como una opinión de un amigo comprensivo.
Mi experiencia, por un lado, quiere estar de acuerdo con todos ellos. El P., por ejemplo, pareció olvidar a Itzel el tiempo que estuvo conmigo. (Pero ahora que miro hacia atrás, no sé si en serio la olvidó o fue sólo un intento de convencerse a sí mismo; o peor, convencerla a ella, de que me amaba.)
No deja de ser injusto. Si el proceso del olvido es para las mujeres más lento y doloroso, entonces deberíamos querer menos. La única vez que yo he amado menos y olvidado rápido fue con Luis. Después de que terminamos, él parecía haberme superado bien, sin dramas ni nada, aceptando estoicamente mi excusa tonta de que 'no me siento bien para tener una relación', cuando en realidad estaba dejándolo por mi ex (tal como el P. La vida es cíclica, más obvio no podría ser). Pero más de un año después me di cuenta de que no me había olvidado, pues regresaba a verme pensando que entre nosotros podría todavía pasar algo.
Creo que los hombres (y yo odio las generalizaciones genéricas. No 'los hombres', mejor 'ciertos seres') invariablemente terminan olvidando. Carlos me olvidó rápido después de que decidí quedarme con Miguel, y si no lo hizo, por lo menos lo ocultó. E hizo bien.
Yo, sin embargo, no he olvidado a mi abuelo, quiero que lo noten. Pero tampoco pienso en él todos los días. Es una presencia eventual y, cuando aparece, lo saludo con gracia y ternura, nada más.

Espero fervientemente tener el mismo trato con todas mis demás presencias.

Der Himmel über Berlin

¡Diablos! Tenía mucho que no escuchaba en una película diálogos tan hermosos. No es sólo este fragmento... Es la película entera.

CASSIEL: Sunrise and 7:22 a.m. Sunset at 4:28 p.m. Moonrise at [....] Twenty years ago today a Soviet jet fighter crashed into the lake at Spandau. Fifty years ago there were the Olympic Games. Two-hundred years ago Blanchard flew over the city in a balloon.

DAMIEL: Like the fugitives the other day.

CASSIEL: And today, on the Lilienthaler Chaussee, a man, walking, slowed down, and looked over his shoulder into space. At post office 44, a man who wants to end it all today pasted rare stamps on his farewell letters, a different one on each. He spoke English with an American soldier--the first time since his schooldays--and fluently. A prisoner at Plotzenzee, just before ramming his head against the wall, said: 'Now!' At the Zoo U-Bahn station, instead of the station's name, the conductor suddenly shouted: 'Tierra del Fuego!'

DAMIEL: Nice.

CASSIEL: In the hills, an old man read the Odyssey to a child. And the young listener stopped blinking his eyes.... And what do you have to tell?

DAMIEL: A woman on the street folded her umbrella while it rained and let herself get drenched. A schoolboy who described to his teacher how a fern grows out of the earth, and the astonished teacher. A blind woman who groped for her watch, feeling my presence.... It's great to live only by the spirit, to testify day by day, for eternity, to the spiritual side of people. But sometimes I get fed up with my spiritual existence. Instead of forever hovering above I'd like to feel there's some weight to me. To end my eternity, and bind me to earth. At each step, at each gust of wind, I'd like to be able to say: 'Now! Now! and Now!' And no longer say: 'Since always' and 'Forever.' To sit in the empty seat at a card table, and be greeted, if only by a nod.... Whenever we did participate, it was only a pretence. Wrestling with one of them, we allowed a hip to be dislocated, in pretence only. We pretended to catch a fish. We pretended to be seated at the tables. And to drink and eat.... Not that I want to plant a tree or give birth to a child right away. But it would be quite something to come home after a long day, like Philip Marlowe, and feed the cat. To have a fever. To have blackened fingers from the newspaper.... To feel your skeleton moving along as you walk. Finally to "suspect", instead of forever knowing all. To be able to say 'Ah!' and 'Oh!' and 'Hey!' instead of 'Yes' and 'Amen'.


Un buen día de hace como dos meses, saqué alegremente un libro de la biblioteca:
Mirándola dormir, de Homero Aridjis. Ciertas relaciones afectivas tenía yo con ese libro: alguna vez el ya tan nombrado Principito me escribió un hermoso párrafo relacionado con el texto.
Entonces yo alegremente tomé el libro del estante, hice alegremente el tramiterío necesario para llevármelo a mi casa y cuando lo abrí, ¡oh gran sorpresa! Las páginas primeras (las de la cubierta o guardas o como se llamen) aparecían escritas a mano. Este hecho en cualquier otra situación hubiera despertado mi ligero enojo: abogo por rayar los libros cuando son de uno, pero absolutamente NO cuando son de la biblioteca. Sin embargo, lo escrito no eran unos rayones cualquiera. En la primer página, un textito, fechado en el 86, ilustraba dulcemente una experiencia similar a la que se describe en Mirándola dormir. En la contrapágina ¡alguien le había contestado!

[Me suele parecer entonces
que yo provoco los actos,

que no hay

un futuro en tus dedos
sino la movilidad
de mis soledades

que no hago

más que hacerte,
sin que tú misma
puedas provocarme,
sino esta distancia

solamente
15-9-86
]


[Me sucede entonces
que me traspasas transparente
me hierves la conciencia
y asaltas mi recuerdo
haciendo soportable con tu sueño
este cansancio que no descansa
nunca.
]

¡No necesito explicar la emoción que sentí entonces! Este tipo de hallazgos siempre me hacen pensar en la posteridad. Alguien hace veintitrés años escribió ahí y yo lo encontré, y muchos otros quizá lo encontraron también y pensaron que tenían entre sus manos un tesoro indecible: el pensamiento poético nacido de las páginas de Mirándola dormir, de alguien, algún alguien, un anómino de hace veintitrés años. Para mí fue especialmente maravilloso, pues desde pequeña he creído en dejar mensajes en las piedras, en las banquetas, en los documentos que sobrevivan a un posible cataclismo para que los arqueólogos y los antropólogos del futuro nos encuentren, encuentren la poesía de estos seres, lo inmortal de la poesía de estos seres.
Y lo mejor, lo mejor, es que ¡alguien había contestado! Alguien recibió el mensaje y lo contuvo, lo respiró y entonces lo contestó. Una pluma azul que parece mucho más reciente que aquella del '86. Una letra más desordenada, descuidada, artificialmente estilizada (una letra 'de niño', diría Vicky).
Evidentemente pensé en contestar yo también. A mí también me había llegado el mensaje, la emoción, el sentimiento de conservar lo que Mirándola dormir exhala en sus letras. Y ya. Claro que contesté; pero el qué se los dejo para después.



Qué razón tenía entonces el facebook. Qué razón los panes. Qué bien besa usted.



In weiter ferne son nah

La verdad es que este blog siempre ha servido nada más como Querido diario íntimo o como un Aquí escribe la autora lo primero que le venga a la cabeza por más absurdo, personal y de poco interés popular que sea. Hoy el güey aquel dejó de "seguir" mi blog. ¿Hay en el mundo declaración bélica más directa? Lo dudo. Yo, como buen ente histriónico que soy, le escribí indignada un mail ardido (el cual, por supuesto, no mandé), que no tendría mejor lugar para ser colocado si el pudor y el pinche decoro no me lo impidieran. Ya me quemé demasiado con el asunto del principito. Y es que hoy descubrí que ya me da hueva hablar de él si alguien más lo menciona (claro que, ejem, si soy yo la que lo saco con dolor y desolación, el tema tiene total cabida. Qué tramposa.)
Pero en fin. El asunto del principito ya pasó de moda. Lo de hoy son las ochenteras chanclitas de goma:
¿Qué tienen que gustan tanto (de nuevo)? Yo no les veo lo bonito. Ha de sudar un montón el pie ahí dentro; si llueve, segurito se derrapan; si pisas un charco, ya valió; y apuesto a que los pies se ven como pavitos ahumados y empaquetados.
A mitad de la euforía y la algarabía, entre respiro y respiro, me pregunto
¿Por qué nuestro cuerpo está tan hecho para los orgasmos?

Sobre las verdades de uno mismo.

Pig me invitó a este meme o test o quizz o eso, que consiste en una confesión: diez verdades sobre uno mismo. Elegí cosas sencillas pero quizá nunca reveladas:

1.
He tenido ocho parejas sexuales. Con tres de ellas sólo he tenido sexo una vez.
2. A los 15 años escapé de mi casa y me fui a vivir a Tampico. Luego regresé y tomé terapia familiar con una psicológa que era malísima.
3. Soy ligeramente bisexual.
4.
Tengo Lupus. Es una enfermedad autoinmune que siempre sale en Doctor House =P
5. No creo en Dios.
6. A pesar de considerarme "librepensador", sí sueño con algún día casarme y tener una familia.
7.
Me dan miedo las arañas, no me gustan los insectos y odio que las mariposas se me paren encima.
8.
Alguna vez me caí en una zanja. Fue muy vergonzoso.
9.
Con el Principito tuve sexo anal por vez primera. No me dolió, y fue tierno, delicado, hermoso.
10. Nunca he ido a un rave a pesar de que he afirmado que sí.

Pilón. Duermo muchísimo en vacaciones. Lo mismo haría en periodo de clases si no tuviera tanta tarea y no entrara tan temprano a la escuela.

Y doble pilón.
A veces fumo mariguana o la como en brownies, pero nunca he sentido ningún efecto. Creo que soy inmune. =/

Yo invito al que quiera ser invitado.

Volver a Ítaca


Cuando uno se encuentra triste y desolado lo único que le queda es emprender el viaje a casa sabiendo muy bien que es el viaje lo que importa, que es el viaje el que borrará el dolor, el daño. Mi casa la encontré en Costa Rica: el avión en el que volaba se llamaba Taca. Taca o Ítaca, no importa: hallé mi hogar en un país que no había visto nunca antes, con gente totalmente extraña que pronunciaba raro la rr, con plantas gigantes, mares pacíficos en los que me convertí en agua. Ítaca es la tierra a donde hay que llegar cuando se está perdido, conocer a un tico volcánico que revuelque el corazón con miradas así tan suaves y refugiarse ahí, porque hay cosas que una no entiende todavía y quizá no entenderá nunca.
Y es así, el regreso a Ítaca terminó salvándome. Ahora floto en una tabla; no tengo fuerzas para seguir nadando, pero al menos no estoy ahogada. Taca, Ítaca, Costa Rítaca, nomenclaturas para decir que estoy ostreando, que vuelvo a casa, a mi propia casa, a mí misma, me reencuentro, me salvo, soy yo, soy yo, soy yo. Ítaca soy yo misma.
Hace ya dos semanas cambié de orden todos los muebles de mi cuarto: la cama donde antes estaba el escritorio, el tocador donde la cama, el escritorio donde el tocador. Y ahora me doy cuenta de que estas dos semanas he trabajado en la computadora sentada en la cama, donde antes hubiera estado el escritorio y donde trabajaría normalmente. ¿Es que somos como los perritos a los que de chiquitos se les enseña a orinar y defecar en un espacio solamente, y que pase lo que pase buscarán esa misma orientación geográfica? ¿Es que nos aferramos inconscientemente a un espacio caliente, a una cueva primigenia que, cual placenta, nos acoja y reconforte en lo que dura la estadía fría en este mundo?

de "Muero de sin usted"

Recuerdo la tristeza infinita, el no poder parar de llorar. Recuerdo la nube sobre los ojos, no podía mirar nada, no podía. Recuerdo una noche haber apretado los ojos y concentrarme fuertemente, si eso de la parapsicología existía entonces debía haber alguna forma en que él me oyera: "por favor regresa, por favor, por favor regresa, regresa, por favor".
Él me sacó, me expulsó groseramente. Me prohibió regresar. Ahora me enseña descaradamente su nuevo amor por la otra ella, como si a mí no me doliera, como si yo nunca lo hubiera amado hasta desear pasar todos mis días sobre su vientre blanco, como si no sintiera este dolor lacerante, palpitante, cruel, mentiroso, letal.
Pero antes de eso todo era amor, todo era desearlo conmigo, y Owen Owen Owen:


Teseo,

Lo odio desde lo más profundo de mis abismos laberínticos y no me importa que no le importe. Esta Ariadna suya le escribe precisamente para eso, para declararse suya en el odio que la corroe, suya en el cuerpo que le hormiguea en su ausencia. Suya aunque usted la haya exiliado de su morada.

Usted no entiende, Teseo, no entiende lo que es este amor apasionado, inverosímil, letruno. Así es, letruno. Usted me rechaza porque no me conoce. Si por lo menos quisiera conocerme. Lo odio a usted porque me abandonó en una isla de agua. ¿Se da cuenta? En estas islas de agua una no puede ni respirar siquiera. (Y “una” está representando a esta persona que le escribe, a esta semipersona, a esta griega que vive de escribir y escribir y escribir a usted).

Y lo que usted no sabe es que Teseo siempre fue y será de Ariadna. A Teseo nunca se lo comió el Minotauro, Ariadna lo salvaba. Luego ella volaba con Baco y él la convertía en Diosa. Yo soy Diosa ahora, y en esta comprensión epifánica sé que usted sigue siendo mío. En su indiferencia, en su adiós, en su impaciencia descortés, sigue siendo mío: lo sabe, lo sé.

Lo odio, Teseo, porque me ha sepultado. Lo odio porque repito su nombre en mi letanía. Lo odio porque el hueco de su ausencia en mi espalda está aún más presente que el hueco mismo. ¿Entiende? Usted se hace mío entre menos esté. Así que el juego no le resulta. Usted es ahora más mío que nunca. Usted ahora no me abandona ni un solo segundo; su ausencia, me refiero.

Lo odio, Teseo, mil veces lo odio. No podría odiarlo más, considérese afortunado. No quiero escribirle pero estas cartas se escriben solas, las escribe el sentimiento de anoche mientras me dejaba anegada en llanto. Las escribe esta Ariadna que al mismo tiempo es Aracné que convierte la madeja de hilo negro en palabras que salen de mi boca y oscuras se dibujan caligrafías.

Sin embargo, le pido que continúe esta historia. “Teseo siempre será tuyo”, me ha dicho (usted hablándome descaradamente de tú, como si se hubieran perdido las composturas, como si en este 1928 tuviéramos permiso de perderlas. Usted es más mío en tanto “usted” que en tanto “tú”). Además, sigo el instructivo de armado: lo obligo a seguir viviendo en las letras (no me importa que ya no vuelva a verlo, no me importa que usted haya matado al Raúl que me amaba); no me detengo, pretendo que no lo vi caer –usted que cae tanto-, lo beso fugazmente, como Elena –soy Elena, al fin y al cabo-, y le recuerdo, Teseo, le recuerdo, que usted es mío mío mío mío.

Pero no se detenga, por favor no se detenga. Esta historia no termina. La nuestra, me refiero, la de Ariadna suya y la de Teseo mío. Y no me importa que me crea usted loca, y que esto sea ridículo y que haga esfuerzos por reírse leyéndolo. Y no necesito ya nada de usted que ser usted el objeto, la cosa, el blanco negro de mi odio. Y este odio me salva y me llena y me basta y sólo sería mayor mi alegría si lo supiera a usted más miserable que yo misma.

A.

de la lluvia



Cuando el Principito se fue me dolió tanto que me quedé muda. De boca, de ojos, de letras, de manos, de oídos. Pero ahora escucho llover y no me duele. Me gusta la lluvia, la lluvia a esta hora d ela tarde. Me siento libre. No puedo extrañarlo más. No se puede extrañar a quien no te quiere.

Ayer caminé sola por el centro. Tenía tanto que no disfrutaba mi soledad estádica. Y llovía y me mojaba un poco. Por primera vez me detuve a observar el Hemiciclo a Juárez. Subí a la Torre Latino... y nunca lo había hecho. Miré y miré a la gente en Bellas Artes. Y ellos me miraban y de repente sonreían, y había como una conexión cálida que me devolvía al mundo. Fui por la torre de Sears y escogí ropa interior que no me iba a comprar. Me descubrí nuevos gustos musicales: The Clash, por ejemplo. Vi una exposición pictórica a pastel que no era muy buena y aun así me perdí en los colores y me deshice en ellos. Color y lluvia y gente y música eran uno mismo; eran yo misma navegando etérea entre los corredores de la Alameda. Y fui libre. Soy libre ahora. Me gustan la belleza volcánica y los árboles, y más que nunca los cuentos de Cortázar.

de aquí a allá

"Muchas veces he llegado creyendo que nevaba. No nieva. Ya nunca nieva, pero recuerdo aquella vez en que llegué pensando que París era un lugar un poco asquito donde señores muy creídos, con el derecho de explicarle al mundo, solían equivocarse, poco salvajes, muy incultos, envidiosos de la desmesura ajena y aburridos. Ahora sospecho que nunca dejé de pensarlo pero sé, por lo que fuere, que llegar a París, seguir llegando, forma parte de esas cosas que voy a hacer y hacer hasta el final.
Adultarse es eso, adulterarse: empezar a saber que lo que uno ha supuesto para su vida no va a ser su vida. Que uno se imagina que tal o cual van a durar y que no duran. Que cualquier pena se va desdibujando, aunque parezca eterna. Que hace veinte años uno se equivoca siempre -incluso cuando acierta.
Llueve, por supuesto."

Martín Caparrós, Partir (fragmento)

Si yo no puedo (no debo) escribir(le)...

... ellos lo hacen por mí.

Aclaración para Balam (E.G.L.)

Qué presunción la tuya
Para qué tenderse en la noche esperando un poco de calor:
Tiempo pasado traduciendo abecedarios
Se nota que no conoces tu historia
Ni siquiera puedes mirar tu reflejo destruyéndose

Te confunden quienes crean que hay dentro de tu cuerpo algo que sirva
Nada se puede rescatar de lo perdido de lo incendiado
Se ha vuelto un manglar de hojas podridas
donde la vida se agrieta
y explota para hincharse de un verdor hiriente
No te conocen
porque sabrían cuántas veces tuviste que mirar tus garras
para saber que de algún modo siguen ahí
sin hilos que te sujeten a una dirección
No te conocen
porque arderían también y contigo
cuando te rindes solo antes de las lluvias
y cierras tu cuerpo como una lápida herida
y te arrastras contra la oscuridad
para encontrar la tibieza de tus sábanas
llenas de sangre
de tu cuerpo
porque a ti no te alcanzan los labios
para guardar una mujer dentro de tu casa
Y ella se escapa con las tardes en busca de otro
porque estas bestias no descansan
sólo llegan a desposar el amor en su semen de viento
y te llenan todo de horas
en que deberías de aprender a tejer como las de antes
“para eso son las hembras
para eso son las alcobas”
para esperar a las bestias cubiertas de sangre
de una guerra que nadie inició
Las bestias se hieren a media noche
se van gimiendo con zorras
y perras
y con toda hembra buena que salga a bañarse al río
Por eso no te conocen
ya deberían de saber el color de tus pechos
flor en el lodo
Y enciendes fogatas para alejar a las bestias
para apagar dulcemente el fulgor


RECUERDO DE LA BELLA
Jorge Enrique Adoum - ecuatoriano.

después de añísimos de quizases talveces ojalases
no quedan sino porqués nuncamases y tampocos
ya jamasmente la ísima
ya sólo la escorpiona
parasiempremente no sida
el puro postamor casi inamor amortajado
en la subalma o la desvida
diciembremente terminado



Nostalgia Extrema
Juan Marcelino Ruiz

Los dientes amarillos rechinan en el brandy
que congela la cordura con sus treinta y ocho grados,
la tibia y azul melancolía
toma por asalto mis mejillas
víctimas fofas de la Ley de Newton.
Tus dos ojos
son demasiados
para una sola ausencia
Salgo a llorar,
acaricio toscamente el sicomoro
donde tu perro fino
levantaba la pata y se orinaba
mientras tú, igual de fina
levantabas la mano y me decías adiós,
y el cuervo de Poe
escondido en la axila afeitada de una rama
graznó burlonamente
nevermore.

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